Página 400 - El Conflicto de los Siglos (1954)

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El Conflicto de los Siglos
Que esta amonestación va dirigida a la iglesia en los últimos
días se echa de ver por las palabras que indican la proximidad de la
venida del Señor: “Porque dentro de un brevísimo tiempo, vendrá
el que ha de venir, y no tardará.” Y este pasaje implica claramente
que habría una demora apparente, y que el Señor parecería tardar en
venir. La enseñanza dada aquí se aplica especialmente a lo que les
pasaba a los adventistas en ese entonces. Los cristianos a quienes
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van dirigidas esas palabras estaban en peligro de zozobrar en su fe.
Habían hecho la voluntad de Dios al seguir la dirección de su Espíritu
y de su Palabra; pero no podían comprender los designios que había
tenido en lo que habían experimentado ni podían discernir el sendero
que estaba ante ellos, y estaban tentados a dudar de si en realidad
Dios los había dirigido. Entonces era cuando estas palabras tenían
su aplicación: “El justo empero vivirá por la fe.” Mientras la luz
brillante del “clamor de media noche” había alumbrado su sendero, y
habían visto abrirse el sello de las profecías, y cumplirse con presteza
las señales que anunciaban la proximidad de la venida de Cristo,
habían andado en cierto sentido por la vista. Pero ahora, abatidos por
esperanzas defraudadas, sólo podían sostenerse por la fe en Dios y en
su Palabra. El mundo escarnecedor decía: “Habéis sido engañados.
Abandonad vuestra fe, y declarad que el movimiento adventista era
de Satanás.” Pero la Palabra de Dios declaraba: “Si alguno se retirare,
no se complacerá mi alma en él.” Renunciar entonces a su fe, y negar
el poder del Espíritu Santo que había acompañado al mensaje, habría
equivalido a retroceder camino de la perdición. Estas palabras de
San Pablo los alentaban a permanecer firmes: “No desechéis pues
esta vuestra confianza;” “tenéis necesidad de la paciencia;” “porque
dentro de un brevísimo tiempo, vendrá el que ha de venir, y no
tardará.” El único proceder seguro para ellos consistía en apreciar
la luz que ya habían recibido de Dios, atenerse firmemente a sus
promesas, y seguir escudriñando las Sagradas Escrituras esperando
con paciencia y velando para recibir mayor luz.
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