Página 549 - Joyas de los Testimonios 1 (1971)

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La influencia de las compañías
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Ennoblezcamos nuestra obra
Los obreros deben llevar a Jesús consigo a todo departamento
de su trabajo. Cualquier cosa que hagan, deben hacerla con una
exactitud y un esmero que soporten la inspección. Deben poner su
corazón en el trabajo. La fidelidad es tan esencial en los deberes
comunes de la vida como en los que entrañan mayor responsabilidad.
Algunos pueden concebir la idea de que su trabajo no es ennoble-
cedor; pero su trabajo es precisamente lo que ellos quieren hacerlo.
Ellos solos son capaces de degradar o elevar su empleo. Quisiéramos
que cada zángano se viese obligado a trabajar para ganar su pan
cotidiano; porque el trabajo es una bendición, no una maldición.
La labor diligente nos preservará de muchas trampas de Satanás,
quien “encuentra siempre algún trabajo perjudicial para las manos
ociosas.”
Ninguno de nosotros debe avergonzarse de su trabajo, por hu-
milde y servil que parezca, pues es ennoblecedor. Todos los que
trabajan, ya sea con la mente o con las manos, cumplen con su deber
y honran su religión, tanto mientras lavan la ropa o los platos como
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cuando van a la reunión. Mientras las manos se dedican al trabajo
más común, la mente puede ser elevada y ennoblecida por pensa-
mientos puros y santos. Cuando cualquiera de los obreros manifiesta
falta de respeto por las cosas religiosas, debe ser separado de la obra.
Nadie piense que la institución depende de él.
Los que han estado empleados largo tiempo en nuestras institu-
ciones, debieran ser ahora obreros responsables, dignos de confianza
en todo lugar, tan fieles al deber como la brújula al polo. Si ellos
hubiesen aprovechado debidamente sus oportunidades, podrían tener
ahora un carácter simétrico y una profunda y viva experiencia en las
cosas religiosas. Pero algunos de estos obreros se han separado de
Dios. Han puesto a un lado la religión. No constituye ya un princi-
pio labrado en ellos, cuidadosamente apreciado doquiera vayan, en
cualquier sociedad en que los coloquen las circunstancias, y no les
resulta un ancla para el alma. Quisiera que todos los obreros consi-
deraran cuidadosamente que el éxito, tanto en esta vida como para
alcanzar la vida futura, depende mayormente de la fidelidad en las
cosas pequeñas. Los que anhelan tener responsabilidades superiores