Página 221 - Mensajes Selectos Tomo 3 (2000)

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Consejo relativo a la edad para ingresar en la escuela
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interés en esta escuela no ha sido mi propia familia, ni ha sido
sencillamente la iglesia de Santa Helena.
Mi interés en esta escuela reside en el hecho de que nosotros
tenemos el privilegio de sentar un modelo. Los éxitos, los fracasos y
los reglamentos de esta escuela afectarán la obra de nuestras escuelas
de iglesia por toda California y mucho más allá, debido a la larga
experiencia de la Hna. Peck como maestra, y a la obra que ella ha
hecho contigo, madre, al ayudar en la preparación del libro sobre
educación. Todas estas cosas han colocado a esta escuela en un lugar
en que se ha convertido en una ciudad asentada sobre un monte.
Mi preocupación con respecto a lo que se resuelva sobre los
niños más pequeños no ha sido principalmente porque mis hijos
fueran excluidos, sino para no sentar una regla que considero muy
cruel. Se la está usando en un sentido que hará mucho mal a nuestros
niños más pequeños.
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La cuestión del jardín de infancia
El mundo está haciendo una gran obra en favor de los niños por
medio del jardín de infancia. En lugares donde tenemos instituciones,
y en los cuales ambos padres están empleados, ellos enviarían con
mucho gusto a sus hijos al jardín de infancia. Me he convencido de
que en muchas de nuestras iglesias, una escuela de éstas debidamente
dirigida, unas pocas horas por día, sería una gran bendición. Yo
no he encontrado nada en tus enseñanzas o preceptos, madre, ni
ningún consejo dado a nuestro pueblo contrario a esa idea. Pero
las decisiones de los directores de nuestras escuelas han matado,
completamente matado, en la mayor parte del país, todo esfuerzo
hecho para proporcionar la obra de un jardín de infancia en favor de
nuestros hijos.
Hay unos pocos lugares donde ellos apoyan la idea. El Dr. Ke-
llogg lo hace en su escuela de huérfanos que tú has visto y alabado,
y en unos pocos lugares adicionales lo están haciendo. En Berrien
Springs se aventuraron el verano pasado a traer una maestra para
el jardín de infancia, y a permitir que esa parte de la obra fuera
hecha; pero por lo general, en las nueve décimas partes del campo,
la decisión de los superintendentes [directores] de nuestras escuelas
mata completamente esa parte de la obra.