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Capítulo 1—Verdaderas y falsas teorías en contraste
La santificación que presentan las Sagradas Escrituras tiene que
ver con el ser entero: el espíritu, el alma y el cuerpo. He aquí el ver-
dadero concepto de una consagración integral. El apóstol San Pablo
ruega que la iglesia de Tesalónica disfrute de una gran bendición: “Y
el mismo Dios de paz os santifique por completo; y todo vuestro ser,
espíritu, alma y cuerpo, sea guardado irreprensible para la venida de
nuestro Señor Jesucristo”.
1 Tesalonicenses 5:23
.
Existe en el mundo religioso una teoría sobre la santificación
que es falsa en sí misma, y peligrosa en su influencia. En muchos
casos, aquellos que profesan poseer la santificación no conocen
esa experiencia en forma genuina. Los que en verdad tratan de
perfeccionar un carácter cristiano nunca acariciarán el pensamiento
de que no tienen pecado. Su vida puede ser irreprochable, pueden
ser representantes vivos de la verdad que han aceptado; pero cuanto
más disciplinen su mente para espaciarse en el carácter de Cristo,
y cuanto más se acerquen a la divina imagen del Salvador, tanto
más claramente discernirán la impecable perfección de Jesús, y más
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hondamente sentirán sus propios defectos.
Cuando algunas personas pretenden estar santificadas, con eso
dan suficiente evidencia de que están muy lejos de la santidad.
Dejan de ver sus propias debilidades y su indigencia. Consideran
que ellos reflejan la imagen de Cristo, porque no tienen un verdadero
conocimiento de él. Cuanto mayor es la distancia entre ellos y su
Salvador, tanto más justos aparecen a sus propios ojos.
Cuando meditamos con arrepentimiento y humilde conciencia
en Jesús, a quien traspasaron nuestros pecados y a quien agobiaron
nuestros dolores, podemos aprender a andar en sus pasos. Contem-
plándolo nos transformamos a su divina imagen. Y cuando esta obra
se realice en nosotros, no pretenderemos que en nosotros mismos ha-
ya justicia, sino que exaltaremos a Cristo Jesús, mientras permitimos
que nuestra alma indefensa dependa de sus méritos.
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