Página 212 - El Evangelismo (1994)

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El Evangelismo
para beneficio de la iglesia. Tales ofrendas son cojas y enfermas,
y llevan la maldición de Dios. Son el precio de las almas. Aunque
desde el púlpito se patrocinen los festivales, los bailes, las loterías,
las ferias y las comilonas abundantes para obtener recursos para la
iglesia, nosotros no debemos participar en ninguna de estas cosas,
porque si lo hacemos experimentaremos el desagrado de Dios. No
debemos proponernos estimular la concupiscencia del apetito o re-
currir a los entretenimientos carnales para persuadir a los seguidores
profesos de Cristo a dar de los recursos que Dios les ha concedido.
Si no dan voluntariamente, por amor a Cristo, la ofrenda en nin-
gún caso será aceptable para Dios.—
Consejos sobre Mayordomía
Cristiana, 212, 213 (1878)
.
Sobornados con fiestas y diversiones
—Resulta deplorable que
las consideraciones sagradas y eternas no tengan el mismo poder de
los tentadores sobornos de las comilonas y las diversiones corrientes,
para abrir los corazones de los presuntos seguidores de Cristo a fin
de que den ofrendas voluntarias para sostener el Evangelio. Es una
triste realidad el que estos incentivos predominen cuando las cosas
sagradas y eternas no tengan fuerza para influir en el corazón para
que éste haga obras de benevolencia.
El plan de Moisés puesto en práctica en el desierto para reunir
recursos financieros tuvo un tremendo éxito. No fue necesario com-
peler a nadie. Moisés no preparó ningún gran banquete. No invitó
a la gente a reuniones de alborozo, de baile y de diversiones co-
munes. Tampoco instituyó juegos de lotería ni cosa alguna profana
para obtener recursos a fin de levantar el tabernáculo de Dios en el
desierto. Dios ordenó a Moisés que invitara a los israelitas a llevar
sus ofrendas. Moisés debía aceptar los donativos de cada persona
que diera voluntariamente, con sinceridad de corazón. Esas ofrendas
voluntarias llegaron en tanta abundancia que Moisés tuvo que decir
que no llevaran más. No debían llevar más donativos porque habían
dado abundantemente, más de lo que se necesitaba.—
Consejos sobre
Mayordomía Cristiana, 214, 213 (1874)
.
¿Y qué impresión se realiza con esto sobre la mente de los in-
crédulos? Las elevadas normas de la Palabra de Dios son arrastradas
en el polvo. Y así se atrae oprobio sobre Dios y el nombre cristiano.
Los principios más corrompidos son fortalecidos por este método
no bíblico de reunir recursos financieros. Y eso es lo que Satanás