Página 231 - El Ministerio de la Bondad (1977)

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La riqueza de los inconversos
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se interesarán en la verdad para este tiempo, la oirán y creerán en
ella.—
Stewardship Series, 1:15, 16
.
Cómo presentarse
—Son muchísimos los que prosperan en el
mundo sin descender a las formas comunes del vicio y, sin embargo,
son empujados a la destrucción por el amor a las riquezas. Absortos
en sus tesoros mundanales, son insensibles a los requerimientos de
Dios y a las necesidades de sus semejantes. En vez de considerar su
riqueza como un talento que ha de ser usado para glorificar a Dios
y elevar a la humanidad, la consideran como un medio de compla-
cerse y glorificarse a sí mismos. ... Estos hombres necesitan que el
Evangelio aparte sus ojos de la vanidad de las cosas materiales para
contemplar lo precioso de las riquezas duraderas. Necesitan aprender
el gozo de dar, la bienaventuranza de convertirse en colaboradores
de Dios.
Las personas de esta clase son con frecuencia las más difíciles
de alcanzar, pero Cristo preparará medios por los cuales puedan ser
alcanzadas. Busquen a estas almas los obreros más sabios, llenos de
confianza y esperanza. Con la sabiduría y el tacto nacidos del amor
divino, con el refinamiento y la cortesía que resultan únicamente de
la presencia de Cristo en el alma, trabajen por los que, deslumbrados
por el brillo de las riquezas terrenales, no ven la gloria del tesoro
celestial.
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Estudien los obreros la Biblia con ellos, grabando en sus cora-
zones las verdades sagradas. Léanles las palabras de Dios: “Mas
de él sois vosotros en Cristo Jesús, el cual nos ha sido hecho por
Dios sabiduría, y justificación, y santificación, y redención”. “Así
dijo Jehová: No se alabe el sabio en su sabiduría, ni en su valentía
se alabe el valiente, ni el rico se alabe en sus riquezas. Mas alábese
en esto el que se hubiere de alabar: en entenderme y conocerme,
que yo soy Jehová, que hago misericordia, juicio, y justicia en la
tierra: porque estas cosas quiero, dice Jehová”. “En el cual tenemos
redención por su sangre, la remisión de pecados por las riquezas de
su gracia”. “Mi Dios, pues, suplirá todo lo que os falta conforme a
sus riquezas en gloria en Cristo Jesús”.
Una súplica tal, hecha con el espíritu de Cristo, no será conside-
rada impertinente. Impresionará a muchos de los que pertenecen a
las clases superiores.