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La necesidad de una educación cristiana
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Una educación completa
Pónganse a trabajar los jóvenes que necesitan una educación,
con la determinación de lograrla. No esperéis una oportunidad;
hacedla. Aprovechad cualquier pequeña ocasión que se presente.
Practicad la economía. No gastéis vuestros medios en la satisfacción
de vuestro apetito o en buscar placeres. Decidíos a ser tan útiles y
eficientes como Dios os pide que seáis. Sed cabales y fieles en todo
lo que emprendáis. Aprovechad todas las ventajas que haya a vuestro
alcance para fortalecer el intelecto. Combinad el estudio de los libros
con el trabajo manual útil, y mediante el esfuerzo fiel, la vigilancia y
la oración, obtened la sabiduría de origen celestial. Esto os dará una
educación equilibrada. Así se elevará vuestro carácter, y tendréis
influencia sobre otras mentes, haciéndoos capaces de dirigirlas por
el sendero de la justicia y la santidad.
Si comprendiésemos plenamente nuestras oportunidades y privi-
legios se podría llevar a cabo mucho más en la obra de la autoeduca-
ción. La verdadera educación significa más de lo que los colegios
pueden dar. Aunque no se debe descuidar el estudio de las ciencias,
existe una preparación más elevada que ha de obtenerse mediante la
comunión vital con Dios. Tome cada estudiante su Biblia y póngase
en comunión con el gran Maestro. Edúquese y disciplínese la men-
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te para luchar con problemas arduos en la búsqueda de la verdad
divina.
El conocimiento y la disciplina propia
Los que desean ardientemente obtener conocimiento para ser
una bendición a sus semejantes, recibirán ellos mismos la bendición
de Dios. Mediante el estudio de su Palabra, sus facultades mentales
serán despertadas a una actividad fervorosa. Se producirá una ex-
pansión y un desarrollo de las facultades, y la mente adquirirá poder
y eficiencia.
Todo el que quiere ser un obrero para Dios debe practicar la
disciplina propia. Esto logrará más que la elocuencia o los talentos
más destacados.—
Palabras de Vida del Gran Maestro, 312, 314
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