Página 183 - El Ministerio Pastoral (1995)

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El bautismo
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El bautismo debe seguir, no solamente la instrucción y la fe,
sino también la práctica
—Los candidatos para el bautismo ne-
cesitan una preparación más cabal. Necesitan ser instruidos más
fielmente de lo que generalmente se los ha instruido. Los principios
de la vida cristiana deben ser presentados claramente a los recién
venidos a la verdad. Nadie puede depender de su profesión de fe
como prueba de que tiene una relación salvadora con Cristo. No
hemos de decir solamente: Yo creo, sino practicar la verdad. Con-
formándonos a la voluntad de Dios en nuestras palabras, nuestro
comportamiento y carácter, es como probamos nuestra relación con
él. Cuandoquiera que uno renuncie al pecado, que es la transgresión
de la ley, su vida será puesta en conformidad con la ley, en perfecta
obediencia. Esta es la obra del Espíritu Santo. La luz de la Palabra
estudiada cuidadosamente, la voz de la conciencia, las súplicas del
Espíritu, producen en el corazón verdadero amor a Cristo, quien se
dio como sacrificio completo para redimir toda la persona: el cuerpo,
el alma, y el espíritu. Y el amor se manifiesta por la obediencia.
La línea de demarcación será clara entre los que aman a Dios y
guardan sus mandamientos, y aquellos que no lo aman y desprecian
sus preceptos.—
Joyas de los Testimonios 2:389, 390
.
La evidencia de un cambio debe preceder al bautismo
—La
prueba de discipulado no se aplica tan estrictamente como se debiera
a aquellos que se presentan para el bautismo. Debe saberse si los que
profesan estar convertidos están simplemente adoptando el nombre
de adventistas del séptimo día, o si están tomando su posición del
lado del Señor para salir del mundo y separarse y no tocar cosa
inmunda. Cuando den evidencia de que entienden plenamente su
posición, han de ser aceptados. Pero cuando revelan estar siguiendo
las costumbres y modas y sentimientos del mundo, ha de tratarse con
ellos con firmeza. Si no sienten ninguna preocupación por cambiar
su conducta, no deben ser retenidos como miembros de la iglesia.
El Señor desea que aquellos que componen su iglesia sean veraces y
fieles administradores de la gracia de Cristo.—
Testimonios para los
Ministros, 128
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