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La Oración
cierto por su importunidad se levantará, y le dará todo lo que habrá
menester”.
Lucas 11:5-8
.
Aquí Cristo presenta al postulante pidiendo para poder dar de
nuevo. Debía obtener pan, o no podría suplir las necesidades del
viajero que llegaba cansado, en tardías horas de la noche. Aunque
su vecino no esté dispuesto a ser molestado, no desistirá de pedir; su
amigo debe ser aliviado; y por fin su importunidad es recompensada;
sus necesidades son suplidas.
De la misma manera, los discípulos habían de buscar las bendi-
ciones de Dios. Mediante la alimentación de la multitud y el sermón
sobre el pan del cielo, Cristo les había revelado la obra que harían
como representantes suyos. Habían de dar el pan de vida a la gente.
Aquel que había señalado su obra, vio cuán a menudo su fe sería
probada. Con frecuencia se verían en situaciones inesperadas, y se
darían cuenta de su humana insuficiencia. Las almas que estuvieran
hambrientas del pan de vida vendrían a ellos, y ellos se sentirían
destituidos y sin ayuda. Debían recibir alimento espiritual, o no
tendrían nada para impartir. Pero no habían de permitir que ningún
alma volviese sin ser alimentada. Cristo les dirige a la fuente de
abastecimiento. El hombre cuyo amigo vino pidiéndole hospedaje,
aun a la hora inoportuna de la medianoche, no lo hizo volver. No
tenía nada para poner delante de él, pero se dirigió a uno que tenía
alimento, y presentó con instancias su pedido, hasta que el vecino
suplió su necesidad. Y Dios, que ha enviado a sus siervos a alimentar
a los hambrientos, ¿no suplirá sus necesidades para su propia obra?
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Pero el vecino egoísta de la parábola no representa el carácter de
Dios. La lección se deduce, no por comparación, sino por contraste.
Un hombre egoísta concederá un pedido urgente, a fin de librarse
de quien perturba su descanso. Pero Dios se deleita en dar. Está
lleno de misericordia, y anhela conceder los pedidos de aquellos que
vienen a él con fe. Nos da para que podamos ministrar a los demás,
y así llegar a ser como él.
Cristo declara: “Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad,
y os será abierto. Porque todo aquel que pide, recibe; y el que busca,
halla; y al que llama, se le abre”.
Lucas 11:9, 10
.
El Salvador continúa: “¿Y cuál padre de vosotros, si su hijo le
pidiere pan, le dará una piedra? o, si pescado, ¿en lugar de pescado le
dará una serpiente? O, si le pidiere un huevo, ¿le dará un escorpión?