Página 127 - La Verdad acerca de los Angeles (1997)

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Los ángeles durante la encarnación y la niñez de Cristo
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Los ángeles pasaron por alto la escuela de los profetas y los
palacios de los reyes, y aparecieron ante humildes pastores que
cuidaban su rebaño durante la noche en las planicies de Belén.
Primero apareció sólo un ángel revestido de toda la gloria del cielo;
y tan sorprendidos y aterrorizados quedaron los pastores, que apenas
podían mirar con inenarrable asombro la maravillosa aparición. Pero
el ángel del Señor se acercó a ellos y les dijo: “No temáis; porque
he aquí os doy nuevas de gran gozo, que serán para todo el pueblo:
que os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es
Cristo el Señor. Esto os servirá de señal: Hallaréis al niño envuelto
en pañales, acostado en un pesebre”.
Lucas 2:10-12
.
Tan pronto como sus ojos se acostumbraron a la gloriosa pre-
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sencia de un ángel, he aquí que todo el valle fue iluminado con la
maravillosa gloria de una multitud de ángeles que llenó las planicies
de Belén. El ángel había aquietado el temor de los pastores, antes de
abrir sus ojos para que presenciaran la multitud de la hueste angelical
alabando a Dios y diciendo: “¡Gloria a Dios en las alturas, y en la
tierra paz, buena voluntad para con los hombres!”—
The Review and
Herald, 9 de diciembre de 1884
.
Después que la gloriosa presencia desaparece, y los ángeles re-
gresan al cielo, los pastores, llenos de gozo, se apresuran a compartir
las buenas nuevas y buscar al Salvador. Encuentran al niño Redentor,
tal como los ángeles lo habían anunciado: envuelto en pañales, y
acostado en los angostos límites de un pesebre.—
The Review and
Herald, 17 de diciembre de 1872
.
Satanás vio las planicies de Belén iluminadas con la brillante
gloria de una multitud de ángeles celestiales. Escuchó su coro:
“¡Gloria a Dios en las alturas, y en la tierra paz, buena voluntad para
con los hombres!” El príncipe de las tinieblas vio a los pastores que
llenos de temor contemplaban el valle iluminado, y temblaban ante
la exhibición de excelsa gloria que penetraba sus sentidos. Y él, jefe
de la rebelión, también tembló al escuchar la declaración del ángel:
“No temáis; porque he aquí os doy nuevas de gran gozo, que será
para todo el pueblo: que os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un
Salvador, que es Cristo el Señor”...
Satanás sabía que este coro de mensajeros celestiales que procla-
maba con gran gozo el advenimiento del Salvador a un mundo caído,
no presagiaba nada bueno para él. Oscuros presentimientos llenaron