Página 129 - Joyas de los Testimonios 1 (1971)

Basic HTML Version

Las dos coronas
125
Señor le dijo que una cosa le faltaba. Deseaba la vida eterna, pero
amaba más sus bienes. Muchos se engañan a sí mismos. No han
buscado la verdad como a tesoro escondido. No sacan el mejor
partido posible de sus facultades. Su mente, que podría ser iluminada
por la luz celestial, está perturbada y perpleja. “Los cuidados de
este siglo, y el engaño de las riquezas, y las codicias que hay en
las otras cosas, entrando ahogan la palabra, y se hace infructuosa.”
Marcos 4:19
. “Los tales—dijo el ángel,—están sin excusa.” Vi que
la luz se apartaba de ellos. No deseaban comprender las solemnes e
importantes verdades para este tiempo, y pensaban que estaban bien
sin comprenderlas. Su luz se apagó y quedaron andando a tientas en
las tinieblas.
La multitud de contrahechos y enfermizos que porfiaban por
la corona terrenal eran aquellos que tienen sus intereses y tesoros
en este mundo. Aunque por todas partes los hiera el desengaño, no
[130]
pondrán sus afectos en el cielo para asegurarse allí una morada y un
tesoro. Por más que fracasan en lo terrenal, prosiguen apegados a ello
y pierden lo celestial. No obstante los desengaños y la desdichada
vida y muerte de quienes pusieron todo su empeño en el logro de
riquezas materiales, otros siguen el mismo camino. Se precipitan
locamente, sin reparar en el miserable fin de aquellos cuyo ejemplo
siguen.
Aquellos que alcanzaban la corona y lograban una participación
en ella y eran aplaudidos, son los que obtienen el único anhelo de
su vida; las riquezas materiales. Reciben la honra que el mundo
tributa a los ricos. Tienen influencia en el mundo. Satanás y sus
malignos ángeles quedan satisfechos, porque saben que los tales son
seguramente suyos, y que, mientras vivan en rebelión contra Dios,
son poderosos agentes de Satanás.
Los que acaban por disgustarse con quienes se afanan por la
corona terrenal, son los que han reparado en la vida y muerte de
quienes luchan por las riquezas terrenas, pues ven que éstos nunca
están satisfechos sino que son desgraciados. Por esto se ponen en
guardia y, apartándose de los egoístas, buscan las riquezas verdaderas
y perdurables.
Se me mostró que quienes, asistidos por los santos ángeles, se
abren paso a través de la multitud hacia la corona celeste, son los