Página 265 - Joyas de los Testimonios 1 (1971)

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Las reuniones de Testimonios y de oración
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agonía y gime en busca de Dios. El espíritu lucha como luchó Jacob,
y no quiere descansar sin manifestaciones especiales del poder de
Dios. Así quiere Dios que sea.
Pero muchos elevan oraciones áridas como si fueran sermones.
Oran a los hombres y no a Dios. Si estuvieran orando a Dios, y
comprendiesen realmente lo que están haciendo, se alarmarían por
su audacia; porque dirigen un discurso al Señor a modo de oración,
como si el Creador del universo necesitase información especial
sobre temas generales relacionados con las cosas que suceden en
el mundo. Tales oraciones son todas como metal que resuena y
címbalo que retiñe. No son anotadas en el cielo. Los ángeles de Dios
se cansan de ellas, tanto como los mortales que están obligados a
escucharlas.
A Jesús se le encontraba a menudo en oración. Se retiraba a los
huertos solitarios o a las montañas para dar a conocer sus peticiones
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a su Padre. Cuando había terminado los quehaceres y los cuidados
del día, y los cansados buscaban reposo, Jesús dedicaba el tiempo a
la oración. No quisiéramos desalentar el espíritu de oración; porque
no se ora ni se vela bastante. Y menos aún se ora con el Espíritu y
también con comprensión. La oración ferviente y eficaz es siempre
oportuna, y nunca cansará. Una oración tal interesa y refrigera a
todos los que tienen amor por la devoción.
Se descuida la oración secreta, y ésta es la razón por la cual
muchos hacen oraciones tan largas, tediosas y sin valor cuando se
reúnen para adorar a Dios. Repasan en sus oraciones una semana
de deberes descuidados y oran en círculo, esperando compensar
su negligencia y apaciguar su conciencia. Esperan ganar por su
oración el favor de Dios. Pero con frecuencia estas oraciones logran
solamente hacer bajar a otros al nivel de las tinieblas espirituales
en que está la persona que las hace. Si los cristianos quisieran
apropiarse las enseñanzas de Cristo acerca de velar y orar, rendirían
un culto más inteligente a Dios.
* * * * *
Debemos reunirnos en derredor de la cruz. Cristo y Cristo cru-
cificado debe ser el tema de contemplación, conversación y de la
más gozosa emoción. Debemos realizar estas reuniones especiales