Página 379 - Joyas de los Testimonios 1 (1971)

Basic HTML Version

La condición de la iglesia
375
En el amor al yo, la exaltación propia y el orgullo, hay gran
debilidad; pero en la humildad hay gran fuerza. Nuestra verdadera
dignidad no se mantiene cuando más pensamos en nosotros mismos,
sino cuando Dios está en todos nuestros pensamientos, y en nues-
tro corazón arde el amor hacia nuestro Redentor y hacia nuestros
semejantes. La sencillez de carácter y la humildad de corazón da-
rán felicidad, mientras que el engreimiento producirá descontento,
murmuraciones y continua desilusión. Lo que nos infundirá fuerza
divina será aprender a pensar menos en nosotros mismos y más en
hacer felices a los demás.
En medio de nuestra separación de Dios, nuestro orgullo y ti-
nieblas, estamos tratando constantemente de elevarnos a nosotros
mismos, y nos olvidamos de que el ánimo humilde es poder. La
fuerza de nuestro Salvador no residía en un gran despliegue de pala-
bras agudas que penetraran hasta el alma; era su amabilidad y sus
modales sencillos y sin afectación lo que le conquistaba los corazo-
nes. El orgullo y la importancia propia, cuando se comparan con la
humildad y la sencillez, son ciertamente una debilidad. Se nos invita
a aprender de Aquel que era manso y humilde de corazón; entonces
experimentaremos el descanso y la paz que tan deseables resultan.
[405]