Página 391 - Joyas de los Testimonios 1 (1971)

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El poder del apetito
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sistema nervioso, habiendo sido estimulado indebidamente, obtuvo
fuerzas de las reservas para su empleo inmediato. Todo este pasajero
fortalecimiento del organismo va seguido de una depresión. En la
misma proporción en que estos estimulantes vigorizan temporalmen-
te el organismo, se producirá una pérdida de fuerzas de los órganos
excitados después que el estímulo pasa. El apetito se acostumbra
a desear algo más fuerte, lo cual tenderá a aumentar la sensación
agradable, hasta que satisfacerlo llega a ser un hábito y de conti-
nuo se desean estimulantes más fuertes, como el tabaco, los vinos y
licores. Cuanto más se complazca el apetito, tanto más frecuentes
serán sus demandas, y más difícil dominarlo. Cuanto más se debilite
el organismo y menos pueda pasarlo sin estimulantes antinaturales,
tanto más aumentará la pasión por esas cosas, hasta que la voluntad
quede avasallada y no tenga ya fuerza para negarse a satisfacer el
deseo malsano.
La única conducta segura
La única conducta segura consiste en no tocar ni probar té, café,
vino, tabaco, opio ni bebidas alcohólicas. La necesidad que tienen
los hombres de esta generación de invocar en su ayuda el poder de
la voluntad fortalecida por la gracia de Dios, a fin de no caer ante
las tentaciones de Satanás, y resistir hasta la menor complacencia
del apetito pervertido, es dos veces mayor hoy que hace algunas
generaciones. Pero la actual tiene menos dominio propio que las
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anteriores. Los que han complacido su apetencia por estos estimu-
lantes han transmitido sus depravados apetitos y pasiones a sus hijos,
y se requiere mayor poder moral para resistir la intemperancia en
todas sus formas. La única conducta perfectamente segura consiste
en colocarse firmemente de parte de la temperancia y no aventurarse
en la senda del peligro.
El principal motivo que tuvo Cristo para soportar aquel largo
ayuno en el desierto, fué enseñarnos la necesidad de la abnegación y
la temperancia. Esta obra debe comenzar en nuestra mesa, y debe
llevarse estrictamente a cabo en todas las circunstancias de la vida.
El Redentor del mundo vino del cielo para ayudar al hombre en su
debilidad, para que, con el poder que Jesús vino a traerle, lograra