Página 399 - Joyas de los Testimonios 1 (1971)

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La disciplina de la prueba
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tener continuamente la luz y la experiencia que provienen de Dios.
Todos necesitamos estas cosas, y Dios está más que dispuesto a que
las tengamos si queremos aceptarlas. El no ha cerrado las ventanas
de los cielos a vuestras oraciones, pero os habéis sentido satisfechos
con seguir adelante sin la ayuda divina que tanto necesitáis.
¡Cuán poco reconocéis la influencia de vuestros actos diarios
sobre la historia ajena! Tal vez penséis que lo que hagáis o digáis
no tendrá seria repercusión, cuando los resultados más importantes
para el bien o para el mal son la consecuencia de vuestras palabras
y acciones. Las palabras y las acciones consideradas pequeñas y
sin importancia, son eslabones en la larga cadena de los sucesos
humanos. No habéis sentido la necesidad de que Dios nos manifieste
su voluntad en todos los actos de nuestra vida diaria. En el caso de
nuestros primeros padres, el deseo de satisfacer una sola vez el ape-
tito abrió las compuertas de la desgracia y el pecado sobre el mundo.
Ojalá que vosotras, mis amadas hermanas, comprendieseis que cada
paso que dais puede tener una influencia duradera y dominante sobre
vuestra vida y el carácter de otros. ¡Oh, cuánta necesidad hay, pues,
de comunión con Dios! ¡Qué necesidad de gracia divina para dirigir
cada paso, y mostrarnos cómo desarrollar un carácter cristiano!
Una experiencia progresiva
Los cristianos tendrán que pasar por nuevas escenas y nuevas
pruebas, donde la experiencia pasada no podrá ser una guía sufi-
ciente. Tenemos mayor necesidad de aprender del divino Maestro
ahora que en cualquier otro período de nuestra vida. Cuanto más nos
acerquemos a la luz pura del cielo, tanto mayor número de defectos
discerniremos que es necesario reformar en nosotros. Todos pode-
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mos hacer una buena obra en beneficio de los demás, si procuramos
el consejo de Dios y lo seguimos con obediencia y fe. La fe de los
justos es progresiva, y va de fuerza en fuerza, de gracia en gracia,
y de gloria en gloria. La iluminación divina aumentará más y más;
corresponderá a nuestros movimientos de adelanto, y nos preparará
para afrontar las responsabilidades y emergencias que nos esperan.
Cuando las pruebas os rodean, cuando el abatimiento y la som-
bría incredulidad dominan vuestros pensamientos, cuando el egoís-
mo amolda vuestras acciones, no veis vuestra necesidad de Dios, ni