Página 73 - Joyas de los Testimonios 1 (1971)

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Lecciones de las parábola
Se me mostró que la parábola de los talentos no ha sido plena-
mente comprendida. Esta lección importante fué dada a los discípu-
los para beneficio de los creyentes que viviesen en los postreros días.
Y estos talentos no representan solamente la capacidad de predicar
e instruir acerca de la Palabra de Dios. La parábola se aplica a los
recursos temporales que Dios ha confiado a su pueblo. Aquellos a
quienes se había entregado cinco y dos talentos, negociaron y du-
plicaron lo que se les confió. Dios requiere de aquellos que tienen
posesiones en esta tierra, que de su dinero obtengan interés para él,
que lo dediquen a la causa, para diseminar la verdad. Y si la verdad
vive en el corazón de aquel que la recibió, él también ayudará con
sus medios para comunicarla a otros; y mediante sus esfuerzos, su in-
fluencia y sus recursos, otras almas aceptarán la verdad y empezarán
a trabajar por Dios.
Vi que algunos de los que profesan ser hijos de Dios, son como
el hombre que ocultó su talento en la tierra. Impiden que sus bienes
beneficien a la causa de Dios. Aseguran que son suyos, que tienen
derecho a hacer lo que les plazca con ellos; y no se salvan almas
por medio de los esfuerzos juiciosos que ellos podrían hacer con
el dinero de su Señor. Los ángeles llevan un registro fiel de toda la
obra de cada hombre, y al ser pronunciado el juicio sobre la casa de
Dios, se registra la sentencia de cada uno al lado de su nombre, y al
ángel se le ordena que no perdone a los siervos infieles, sino que los
abata en el tiempo de la matanza. Y lo que les fué confiado les será
arrebatado. Se los despojará de su tesoro terrenal; lo habrán perdido
todo. Las coronas que podrían haber llevado si hubieran sido fieles,
se colocarán sobre la cabeza de aquellos que hayan sido salvados por
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los siervos fieles cuyos recursos estuvieron constantemente en uso
para Dios. Cada persona en cuya salvación intervinieron, añadirá
estrellas a su corona de gloria y aumentará su eterna recompensa.
Testimonios para la Iglesia 1:197-200 (1859)
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