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Mente, Cáracter y Personalidad 1
tienen mucho que ver con nuestra utilidad en este mundo y con
nuestra salvación final.—
The Review and Herald, 8 de septiembre
de 1874
;
Mensajes para los Jóvenes, 235
.
El ejercicio mejora la percepción
—El cerebro y los músculos
deben utilizarse proporcionalmente si se quiere conservar la salud
y el vigor. Los jóvenes pueden entonces aportar al estudio de la
Palabra de Dios una percepción sana y nervios bien equilibrados.
Tendrán pensamientos saludables y podrán retener las cosas pre-
ciosas deducidas de la Palabra. Se asimilarán sus verdades y como
resultado tendrán fuerza intelectual para discernir lo que es verdad.
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Luego, según la ocasión lo requiera, podrán dar, con mansedumbre
y temor, a todo aquel que lo demande, razón de la esperanza que hay
en ellos.—
Joyas de los Testimonios 2:446 (1900)
.
Aumentando la perfección se aumenta la percepción
Cuanto más se acerca el hombre a la perfección moral, tanto más
delicada es su sensibilidad, tanto más vivo su sentimiento del pecado
y tanto más profunda su simpatía por los afligidos.—
El Conflicto de
los Siglos, 626 (1911)
.
El dolor debilitó la percepción de María
—Entonces ella se
apartó, hasta de los ángeles, pensando que debía encontrar a alguien
que le dijese lo que habían hecho con el cuerpo de Jesús. Otra voz
se dirigió a ella: “Mujer, ¿por qué lloras? ¿a quién buscas?” A través
de sus lágrimas, María vio la forma de un hombre, y pensando que
fuese el hortelano dijo: “Señor, si tú lo has llevado, dime dónde lo
has puesto, y yo lo llevaré”.—
El Deseado de Todas las Gentes, 734
(1898)
.
Percibió a Jesús por su voz
—Pero ahora, con su propia voz fa-
miliar, Jesús le dijo: “¡María!” Entonces supo que no era un extraño
el que se dirigía a ella y, volviéndose, vio delante de sí al Cristo vivo.
En su gozo, se olvidó que había sido crucificado. Precipitándose
hacia él, como para abrazar sus pies, dijo: “¡Rabboni!”—
El Deseado
de Todas las Gentes, 734 (1898)
.
El apetito disminuye las facultades de percepción
—El Re-
dentor del mundo sabía que la complacencia del apetito estaba produ-
ciendo debilidad física y disminuyendo las facultades de percepción
de modo que no se puedan discernir las cosas sagradas y eternas. El
sabía que la complacencia propia estaba pervirtiendo las facultades
morales y que la gran necesidad del hombre era la conversión tanto