Página 330 - Testimonios para la Iglesia, Tomo 1 (2003)

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La religión en la familia
Me fue mostrada la posición elevada e importante que los hijos
de Dios deben ocupar. Son la sal de la tierra y la luz del mundo, y
deben andar como Cristo anduvo. Saldrán vencedores de la gran tri-
bulación. El tiempo actual es un tiempo de guerra y prueba. Nuestro
Salvador dice en (
Apocalipsis 3:21
): “Al que venciere, yo le daré
que se siente conmigo en mi trono; así como yo he vencido, y me
he sentado con mi Padre en su trono”. La recompensa no se da a
todos los que profesan seguir a Cristo, sino a los que vencen como
él venció. Debemos estudiar la vida de Cristo, y aprender lo que
significa confesarle delante del mundo.
A fin de confesar a Cristo, debemos tenerlo en nosotros. Nadie
puede confesar verdaderamente a Cristo a menos que posea el ánimo
y el espíritu de Cristo. Si la forma de piedad, o el reconocimiento de
la verdad fuesen siempre una confesión de Cristo, podríamos decir:
“Ancho es el camino que conduce a la vida, y muchos son los que
lo hallan”. Debemos comprender lo que significa confesar a Cristo,
y en qué le negamos. Puede suceder que nuestros labios confiesen
a Cristo, y que nuestras obras le nieguen. Los frutos del Espíritu,
manifestados en la vida, son una confesión de Cristo. Si lo hemos
abandonado todo por Cristo, nuestra vida será humilde, nuestra
conversación sana y nuestra conducta intachable. La poderosa y
purificadora influencia de la verdad en el alma, y el carácter de
Cristo manifestado en la vida, son una confesión de Cristo. Si se
han sembrado en nuestro corazón las palabras de vida eterna, el
fruto será justicia y paz. Podemos negar a Cristo en nuestra vida,
entregándonos al amor de la comodidad y del yo, bromeando y
buscando los honores del mundo.
Podemos negarle en nuestro aspecto exterior, conformándonos
al mundo, o mediante un porte orgulloso o atavíos costosos. Única-
mente por la vigilancia constante y tenaz y la oración perseverante y
casi incesante podremos manifestar en nuestra vida el carácter de
Cristo y la influencia santificadora de la verdad. Muchos ahuyentan
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