Página 132 - Joyas de los Testimonios 2 (2004)

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Joyas de los Testimonios 2
No actuéis por motivos de política. El gran peligro de nuestros
hombres de negocios y de los que ocupan puestos de responsabilidad,
es que lleguen a apartarse de Cristo para obtener alguna ayuda fuera
de él. Pedro no habría sido abandonado hasta revelar tanta debilidad
e insensatez, si no hubiese buscado, por el acomodo o la política,
evitar el oprobio y el desprecio, la persecución y el ultraje. Sus más
altas esperanzas estaban concentradas en Cristo; pero cuando le vió
humillado, dejó penetrar la incredulidad en su corazón. Cayó bajo el
poder de la tentación, y en vez de mostrar su fidelidad en la crisis,
negó perversamente a su Señor.
A fin de ganar dinero, muchos se separan de Dios e ignoran
sus intereses eternos. Siguen la misma conducta que el hombre
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mundano, maquinador; pero Dios no está en esto, es una ofensa para
él. El quisiera que ellos fuesen prontos para idear y ejecutar planes;
pero todos los asuntos comerciales deben ser manejados en armonía
con la gran ley moral de Dios. Los principios del amor a Dios y
al prójimo deben ser aplicados en todos los actos de la vida diaria,
tanto en los más pequeños como en los más grandes. Debe haber
un deseo de hacer más que pagar diezmo de la menta, el anís y el
comino; y las cosas mayores de la ley: el juicio, la misericordia y el
amor de Dios, no deben ser descuidados; porque el carácter personal
de todo aquel que está relacionado con la obra deja su impresión
sobre ella.
Negociantes cristianos
Hay hombres y mujeres que lo han dejado todo por Cristo. Con-
sideraron sus propios intereses temporales, su propio goce de la
sociedad y la familia, de menor importancia que los intereses del
reino de Dios. No dieron a las casas y tierras, a los parientes y ami-
gos, por queridos que sean, el primer lugar en sus afectos, para dejar
el segundo a la causa de Dios; y los que hacen esto, que dedican su
vida al progreso de la verdad, a traer muchos hijos e hijas a Dios,
tienen la promesa de que recibirán cien veces tanto en esta vida,
y en el mundo venidero la vida eterna. Los que trabajan desde un
punto de vista noble y con motivos abnegados serán consagrados a
Dios, en cuerpo, alma y espíritu. No ensalzarán al yo; no se sentirán
competentes para asumir responsabilidades; pero no se negarán a