Página 271 - Joyas de los Testimonios 2 (2004)

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Naturaleza e influencia de los Testimonios
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queda pronto en tal condición que se niega a escuchar si no la con-
mueve una emoción. Como colaboradores de Dios, necesitamos más
piedad ferviente y menos exaltación propia. Cuanto más se exalte
el yo, tanto más se reducirá la fe en los
Testimonios
del Espíritu
de Dios. Los que confían plenamente en sí mismos, verán menos y
menos de Dios en los
Testimonios
de su Espíritu.
Cómo recibir la reprensión
Los que son reprendidos por el Espíritu de Dios no deben le-
vantarse contra el humilde instrumento. Es Dios y no un ser mortal
falible quien ha hablado para salvarlos de la ruina. No agrada a
la naturaleza humana recibir reprensiones, ni puede el corazón del
hombre que no está iluminado por el Espíritu de Dios comprender
la necesidad de reprensión o la bendición que ella está destinada
a reportarle. En la medida en que el hombre cede a la tentación y
participa del pecado, su mente se entenebrece. Se pervierte el sentido
moral. Se desprecian las amonestaciones de la conciencia, y su voz
se oye cada vez con menos claridad. Pierde gradualmente el poder
de distinguir entre lo correcto y lo erróneo, hasta llegar a no tener
verdadero sentido de su posición delante de Dios. Tal vez observe la
forma de la religión, y defienda celosamente sus doctrinas, mientras
está destituido de su espíritu. Esta condición está descrita por el
Testigo Fiel: “Tú dices: Yo soy rico, y estoy enriquecido, y no tengo
necesidad de ninguna cosa; y no conoces que tú eres un cuitado y
miserable y pobre y ciego y desnudo.”
Apocalipsis 3:17
. Cuando el
Espíritu de Dios, por sus mensajes de reprensión, declara que tal es
la condición de la persona, ella no puede ver que el mensaje sea la
verdad. ¿Debe por lo tanto rechazar la amonestacion?—No.
Dios nos ha dado suficiente evidencia para que todos los que
lo desean puedan convencerse del carácter de los
Testimonios;
y
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habiéndolos reconocido como de Dios, es su deber aceptar la repren-
sión, aunque no vean ellos mismos la pecaminosidad de su conducta.
Si comprendiesen plenamente su condición, ¿qué necesidad tendrían
de reprensión? Por el hecho de que no la conocen, Dios se la presenta
para que puedan arrepentirse y reformarse antes que sea demasiado
tarde. Los que desprecian las amonestaciones serán dejados a ciegas
y se engañarán a sí mismos, pero los que las escuchen, y cumplan