Página 96 - Joyas de los Testimonios 2 (2004)

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Joyas de los Testimonios 2
dizos, sino juntamente ciudadanos con los santos, y domésticos de
Dios; edificados sobre el fundamento de los apóstoles y profetas,
siendo la principal piedra del ángulo Jesucristo mismo; en el cual,
compaginado todo el edificio, va creciendo para ser un templo santo
en el Señor: en el cual vosotros también sois juntamente edificados,
para morada de Dios en Espíritu.”
Efesios 2:18-22
. Esta es una obra
particular, que debe ser llevada a cabo con toda armonía, unidad de
espíritu, y vínculos de paz. No debe darse cabida a las críticas, las
dudas y la incredulidad.
Venced los afectos terrenales
Hermanos, vuestro deber y felicidad, vuestra utilidad futura y
salvación final exigen que separéis vuestros afectos de todo lo terre-
nal y corruptible. Hay una simpatía no santificada que participa de la
naturaleza de un sentimentalismo enfermizo, y es terrena y sensual.
El vencer esto requerirá esfuerzos arduos de parte de algunos de
vosotros, a fin de cambiar el curso de vuestra vida; porque no os
pusisteis en relación con la Fortaleza de Israel, y se han debilitado
todas vuestras facultades. Ahora se os llama en alta voz a ser dili-
gentes en el empleo de todos los medios de la gracia, a fin de que
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seáis transformados en carácter, y podáis crecer a la plena estatura
de hombres y mujeres en Cristo Jesús.
Tenemos que ganar grandes victorias, o perder el cielo. El cora-
zón carnal debe ser crucificado; porque tiende hacia la corrupción
moral, y el fin de ella es la muerte. Nada que no sea la influencia
vivificadora del Evangelio puede ayudar al alma. Orad para que las
poderosas energías del Espíritu Santo, con todo su poder vivifica-
dor, recuperador y transformador, caigan como un choque eléctrico
sobre el alma paralizada, haciendo pulsar cada nervio con nueva
vida, restaurando todo el hombre, de su condición muerta, terrenal y
sensual a una sanidad espiritual. Así llegaréis a ser participantes de
la naturaleza divina, habiendo escapado a la corrupción que reina en
el mundo por la concupiscencia; y en vuestras almas se reflejará la
imagen de Aquel por cuyas heridas somos sanados.
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