Página 259 - Testimonios para la Iglesia, Tomo 2 (1996)

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Una carta de cumpleaños
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minaremos en qué lado estamos? ¿Quién posee el corazón? ¿Con
quién están nuestros pensamientos? ¿Acerca de quién conversamos
con deleite? ¿A quién dedicamos nuestros más cálidos afectos y
nuestras mejores energías? Si estamos del lado del Señor, nuestros
pensamientos están con él, y nuestras reflexiones más dulces se re-
fieren a él. No trabamos amistad con el mundo; hemos consagrado
a Dios todo lo que tenemos y somos. Anhelamos llevar su imagen,
respirar su espíritu, hacer su voluntad y agradarle en todo.
Debes conducirte de tal manera que nadie necesite equivocarse
acerca de ti. Sin decisión no puedes ejercer influencia en el mundo.
Tus resoluciones pueden ser buenas y sinceras, pero fracasarán a
menos que hagas de Dios tu fortaleza y avances con firme resolución
de propósito. Debes consagrar todo tu corazón a la causa y la obra
de Dios. Debes desear sinceramente obtener experiencia en la vida
cristiana. Debes ejemplificar a Cristo en tu vida.
No puedes servir a Dios y a Mammón. Estarás completamente
del lado del Señor o del lado del enemigo. “El que no es conmi-
go, contra mí es; el que conmigo no recoge, desparrama”.
Lucas
11:23
. Algunas personas fracasan en su vida religiosa porque son
vacilantes e irresolutas. Con frecuencia se convencen y casi llegan
al punto de entregarlo todo para Dios; pero, al no decidirse, vuelven
a caer. Mientras están en el pecado, su conciencia se endurece, y se
vuelve cada vez menos susceptible a las impresiones del Espíritu
de Dios. Su Espíritu las ha amonestado y convencido, pero ha sido
despreciado y contristado hasta que casi se ha apartado de ellas. No
se puede jugar con Dios. El nos muestra claramente nuestro deber, y
si no andamos en la luz, ésta se convierte en tinieblas.
Dios te invita a ser colaborador suyo en su viña. Empieza donde
te encuentres. Acude a la cruz, y allí renuncia a ti mismo, al mundo
y a todo ídolo. Acepta plenamente a Jesús en tu corazón. Te hallas
en un lugar donde es difícil conservar la consagración y ejercer una
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influencia que aparte a otros del pecado, de los placeres y de la
insensatez para que anden en el camino angosto, que deben seguir
los redimidos del Señor.
Entrégate completamente a Dios; ríndele todo sin reserva y busca
así la paz que sobrepuja todo entendimiento. No puedes ser nutrido
por Cristo a menos que estés en él. Si no estás en él, eres un sarmiento
seco. No sientes tu necesidad de pureza y verdadera santidad. Debes