Página 379 - Joyas de los Testimonios 3 (2004)

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La beneficencia
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Aquel que se hizo pobre para enriquecernos. Al dispensar a otros,
los bendecimos; así es como atesoramos riquezas verdaderas.
La gloria del Evangelio consiste en que se funda en la noción de
que se ha de restaurar la imagen divina en una raza caída por medio
de una constante manifestación de benevolencia. Esta obra comenzó
en los atrios celestiales, cuando Dios dió a los humanos una prueba
deslumbradora del amor con que los amaba. “Porque de tal manera
amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo
aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.”
Juan
3:16
. El don de Cristo revela el corazón del Padre. Nos asegura que,
habiendo emprendido nuestra redención, él no escatimará ninguna
cosa necesaria para terminar su obra, por más que pueda costarle.
La generosidad es el espíritu del cielo. El abnegado amor de
Cristo se reveló en la cruz. El dió todo lo que poseía y se dió a sí
mismo para que el hombre pudiese salvarse. La cruz de Cristo es
un llamamiento a la generosidad de todo discípulo del Salvador.
El principio que proclama es de dar, dar siempre. Su realización
por la benevolencia y las buenas obras es el verdadero fruto de la
vida cristiana. El principio de la gente del mundo es: ganar, ganar
siempre; y así se imagina alcanzar la felicidad; pero cuando este
principio ha dado todos sus frutos, se ve que sólo engendra la miseria
y la muerte.
La luz del Evangelio que irradia de la cruz de Cristo condena el
egoísmo y estimula la generosidad y la benevolencia. No debería
ser causa de quejas el hecho de que se nos dirigen cada vez más
invitaciones a dar. En su divina providencia Dios llama a su pueblo a
salir de su esfera de acción limitada para emprender cosas mayores.
Se nos exige un esfuerzo ilimitado en un tiempo como éste, cuando
las tinieblas morales cubren el mundo. Muchos de los hijos de Dios
están en peligro de dejarse prender en la trampa de la mundanalidad
y avaricia. Deberían comprender que es la misericordia divina la
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que multiplica las solicitudes de recursos. Deben serles presenta-
dos blancos que despierten su benevolencia, o no podrán imitar el
carácter del gran Modelo.
Al dar a sus discípulos la orden de ir por “todo el mundo” y
predicar “el evangelio a toda criatura,” Cristo asignó a los hombres
una tarea: la de sembrar el conocimiento de su gracia. Pero mientras
algunos salen al campo a predicar, otros le obedecen sosteniendo su