Página 395 - Joyas de los Testimonios 3 (2004)

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En humildad y fe
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ventajas que Dios les señala. Si bien no debemos procurar arrebatar
la propiedad de nadie, debemos, sin embargo, ver y aprovechar con
prontitud las ventajas cuando ellas se nos ofrecen, a fin de poder
hacer planes para la edificación de la obra. Después de esto, debemos
dedicar todas nuestras energías a obtener del pueblo de Dios ofrendas
voluntarias para sostener esas nuevas instituciones.
A menudo, el Señor ve a sus siervos en la incertidumbre con
respecto a lo que deben hacer. En tales momentos, les revelará su
voluntad si ponen en él su confianza. De aquí en adelante, la obra
de Dios debe avanzar rápidamente; y si su pueblo quiere responder
a su llamamiento, él hará a las personas pudientes voluntarias para
dar de sus recursos, a fin de facilitar la terminación de su obra en
la tierra. “Es pues la fe la substancia de las cosas que se esperan, la
demostración de las cosas que no se ven.”
Hebreos 11:1
. Si su pueblo
confía en su Palabra, Dios lo pondrá en posesión de propiedades que
le permitirán trabajar en las grandes ciudades que están esperando
el mensaje de la verdad.
La frialdad, el formalismo y la incredulidad con que algunos
obreros hacen su trabajo constituye una grave ofensa contra el Espí-
ritu de Dios. El apóstol Pablo dice: “Haced todo sin murmuraciones
y contiendas, para que seáis irreprensibles y sencillos, hijos de Dios
sin culpa en medio de la nación maligna y perversa, entre los cuales
resplandecéis como luminares en el mundo; reteniendo la palabra
de vida para que yo pueda gloriarme en el día de Cristo, que no
he corrido en vano, ni trabajado en vano. Y aun si soy derramado
en libación sobre el sacrificio y servicio de vuestra fe, me gozo y
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congratulo por todos vosotros.”
Filipenses 2:14-17
.
Debemos animarnos mutuamente en esa fe viva que Cristo ha
hecho accesible a todo creyente. La obra debe hacerse a medida que
el Señor prepara el camino. Cuando conduce a los suyos por lugares
difíciles, tienen la ventaja de poder reunirse para orar, recordando
que todas las cosas vienen de Dios. Aquellos a quienes no les ha
tocado todavía su parte en las vicisitudes que acompañan a la obra en
estos últimos días, pronto tendrán que pasar por escenas que proba-
rán fuertemente su confianza en Dios. Cuando su pueblo no percibe
ninguna salida, y tiene delante de sí el mar Rojo y a sus espaldas
un ejército que lo persigue, el Señor le dice: “¡Adelante!” Obra así
para probar su fe. Cuando os confronten tales circunstancias, id