Página 150 - Testimonios para la Iglesia, Tomo 4 (2007)

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La obediencia voluntaria
Abraham era anciano cuando recibió de Dios la sorprendente
orden de ofrecer a su hijo Isaac en holocausto. A Abraham se lo
consideraba anciano aun en su generación. El ardor de su juventud
se había desvanecido. Ya no era fácil para él soportar penurias y
afrontar peligros. En el vigor de la juventud, el hombre puede hacer
frente a la tormenta con orgullosa conciencia de su fuerza, y elevarse
por encima de los desalientos que harían desfallecer su corazón
más tarde en la vida cuando sus pasos se dirigen vacilantes hacia la
tumba.
Pero en su providencia, Dios reservó su última y más penosa
prueba para Abraham cuando la carga de los años le oprimía y
anhelaba descansar de la ansiedad y los afanes. El Señor le habló
diciendo: “Toma ahora tu hijo, tu único, Isaac, a quien amas [...] y
ofrécelo [...] en holocausto”.
Génesis 22:2
. El corazón del anciano
se paralizó de horror. La pérdida de ese hijo por alguna enfermedad
habría partido el corazón del amante padre y el pesar habría doblega-
do su encanecida cabeza; pero ahora se le ordenaba que derramase
con su propia mano la sangre preciosa de aquel hijo. Eso le parecía
una terrible imposibilidad.
Sin embargo, Dios había hablado, y él debía obedecer a su pa-
labra. Abraham estaba cargado de años, pero esto no lo dispensaba
del cumplimiento del deber. Empuñó el bordón de la fe, y con muda
agonía tomó de la mano a su hijo, hermoso y sonrosado, lleno de
salud y juventud, y salió para obedecer a la palabra de Dios. El
anciano y gran patriarca era humano; sus pasiones y afectos eran
como los nuestros y amaba a su hijo, solaz de su vejez, a quien había
sido dada la promesa del Señor.
Pero Abraham no se detuvo a preguntar cómo se cumplirían las
promesas de Dios si se daba muerte a Isaac. No se detuvo a razonar
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con su corazón dolorido, sino que ejecutó la orden divina al pie de la
letra, hasta que, precisamente cuando estaba por hundir su cuchillo
en las palpitantes carnes del joven, recibió la orden: “No extiendas
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