Página 132 - Testimonios para la Iglesia, Tomo 9 (1998)

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Testimonios para la Iglesia, Tomo 9
lizar nervio y músculo espirituales en la tarea de progresar. Hay
que hacerles comprender que los ministros no pueden obtener su
salvación si permanecen inactivos. Así es como se convierten en
personas débiles en vez de ser fuertes.
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En cada iglesia hay que elegir a hombres y mujeres jóvenes
para que lleven responsabilidades. Dejad que hagan todo esfuerzo
necesario para capacitarse a fin de ayudar a los que conocen la
verdad. Dios necesita obreros fervientes y firmes. Los humildes y
contritos aprenderán por experiencia personal que no existe salvador
fuera de él
.
La verdad bíblica debe ser predicada y practicada. Cada rayo
de luz recibido debe hacerse brillar en forma clara y evidente. La
verdad debe destacarse como una lámpara de poderosa luz.
Hay
cientos de siervos de Dios que deben responder a este llamamiento
y salir al campo como obreros fervorosos dispuestos a ganar almas,
que acuden en ayuda del Señor para combatir a los poderosos. Dios
llama a
hombres vivos,
que estén llenos de la influencia vivificadora
de su Espíritu, hombres que consideren a Dios como Legislador
Supremo y reciban de él abundante prueba del cumplimiento de sus
promesas, hombres que no sean tibios, sino entusiastas y fervorosos
con su amor.
Si la influencia que se ha ejercido sobre las iglesias durante
los veinte años pasados volviera a ejercerse sobre ellas, fracasaría,
tal como fracasó en el pasado, y no convertiría a los miembros en
seguidores de Cristo abnegados y capaces de llevar su cruz. Muchos
han sido sobrealimentados con alimento espiritual, mientras en el
mundo hay miles que perecen sin el pan de vida. Los miembros de
la iglesia deben
trabajar;
deben educarse a sí mismos para alcanzar
la elevada norma que se ha puesto ante ellos. El Señor les ayudará
a conseguirlo, si colaboran con él. Si guardan sus propias almas en
el amor de la verdad, no impedirán que los ministros presenten la
verdad en nuevos campos.
Las grandes ciudades debieran haber sido trabajadas poco des-
pués que las iglesias recibieron la luz, pero muchos no han expe-
rimentado ninguna preocupación por las almas, y Satanás, al en-
contrarlos susceptibles a sus tentaciones, ha echado a perder su
experiencia. Dios pide a su pueblo que se arrepienta, que se convier-