Página 119 - Consejos para los Maestros (1971)

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Capítulo 16—La parábola de la semilla vegetante
Jesús enseñó por ilustraciones y parábolas sacadas de la natura-
leza y de los acontecimientos familiares de la vida diaria... De esta
manera asociaba las cosas naturales con las espirituales, vinculando
las cosas de la naturaleza y la vida de sus oyentes con las verdades
sublimes de la Palabra escrita. Y más tarde, cuandoquiera sus ojos
cayesen sobre los objetos que él había asociado con la verdad eterna,
oirían repetidas sus lecciones.
Una de las parábolas más hermosas e impresionantes de Cristo
es la del sembrador y la semilla. “Así es el reino de Dios—dijo
él—, como cuando un hombre echa semilla en la tierra; y duerme
y se levanta, de noche y de día, y la semilla brota y crece sin que
él sepa cómo. Porque de suyo lleva fruto la tierra, primero hierba,
luego espiga, después grano lleno en la espiga”.
Marcos 4:26-28
...
El que dio esta parábola era el mismo que había creado la diminuta
simiente, le había dado sus propiedades vitales, y ordenado las leyes
que debían gobernar su crecimiento; e hizo de ella una ilustración
viva de la verdad tanto en el mundo natural como en el espiritual.
Las verdades que esta parábola enseña fueron hechas una reali-
dad viviente en la vida misma de Cristo. Tanto en su naturaleza
física como en la espiritual, siguió el orden divino del crecimiento,
ilustrado por la planta, como él desea que hagan todos los jóvenes.
Aunque él era la Majestad del cielo, el Rey de gloria, vino como
niño a Belén, y durante un tiempo representó al impotente infante
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bajo el cuidado de su madre.
En su infancia, Jesús hizo las obras de un niño obediente. Ha-
blaba y actuaba con la sabiduría de un niño, y no de un hombre,
honrando a sus padres, y ejecutando sus deseos en forma servicial,
según la capacidad de un niño. Pero en cada etapa de su desarrollo
fue perfecto, con la gracia sencilla y natural de una vida sin pecado.
El relato sagrado dice de su infancia lo siguiente: “Y el niño crecía, y
se fortalecía, y se llenaba de sabiduría; y la gracia de Dios era sobre
él”. Y acerca de su juventud tenemos registrado: “Y Jesús crecía en
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