Página 470 - Consejos para la Iglesia (1991)

Basic HTML Version

466
Consejos para la Iglesia
Vuestra fe no debe desconfiar de las promesas de Dios, porque no
veáis o sintáis la inmediata respuesta a vuestras oraciones. No temáis
confiar en Dios. Fiad en su segura promesa: “Pedid, y recibiréis”.
Juan 16:24
.
Dios es demasiado sabio para errar, y demasiado bueno para
[628]
privar de cualquier cosa buena a sus santos que andan íntegramente.
El hombre está sujeto a errar, y aunque sus peticiones asciendan
de un corazón sincero, no siempre pide las cosas que sean buenas
para sí mismo, o que hayan de glorificar a Dios. Cuando tal cosa
sucede, nuestro sabio y bondadoso Padre oye nuestras oraciones,
y nos contesta, a veces inmediatamente; pero nos da las cosas que
son mejores para nosotros y para su propia gloria. Si pudiésemos
apreciar el plan de Dios cuando nos envía sus bendiciones, veríamos
claramente que él sabe lo que es mejor para nosotros, y que nuestras
oraciones obtienen respuesta. Nunca nos da algo perjudicial, sino la
bendición que necesitamos, en lugar de algo que pedimos y que no
sería bueno para nosotros.
Vi que si no advertimos inmediatamente la respuesta a nuestras
oraciones, debemos retener firmemente nuestra fe, y no permitir que
nos embargue la desconfianza, porque ello nos separaría de Dios. Si
nuestra fe vacila, no conseguiremos nada de él. Nuestra confianza
en Dios debe ser firme; y cuando más necesitemos su bendición, ella
caerá sobre nosotros como una lluvia
A los cristianos les gusta pensar y hablar de cosas celestiales
En el cielo, Dios es todo en todos. Allí reina suprema la santidad;
allí no hay nada que estropee la perfecta armonía con Dios. Si
estamos a la verdad en viaje hacia allá, el espíritu del cielo morará
en nuestro corazón aquí. Pero si no hallamos placer ahora en la
contemplación de las cosas celestiales; si no tenemos interés en tratar
[629]
de conocer a Dios, ningún deleite en contemplar el carácter de Cristo;
si la santidad no tiene atractivo para nosotros, podemos estar seguros
de que nuestra esperanza del cielo es vana. La perfecta conformidad
a la voluntad de Dios es el alto blanco que debe estar constantemente
delante del cristiano. El se deleitará en hablar de Dios, de Jesús, del
hogar de felicidad y pureza que Cristo ha preparado para los que le
aman. La contemplación de estos temas, cuando el alma se regocija