Página 100 - El Deseado de Todas las Gentes (1955)

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El Deseado de Todas las Gentes
entrampar, mediante sus falsas insinuaciones, a todos aquellos que
no confían en Dios. Y recorriendo el terreno que el hombre debe
recorrer, nuestro Señor ha preparado el camino para que venzamos.
No es su voluntad que seamos puestos en desventaja en el conflicto
con Satanás. No quiere que nos intimiden ni desalienten los asal-
tos de la serpiente. “Tened buen ánimo—dice;—yo he vencido al
mundo.
Considere al Salvador en el desierto de la tentación todo aquel
que lucha contra el poder del apetito. Véale en su agonía sobre la
cruz cuando exclamó: “Sed tengo.” El padeció todo lo que nos puede
tocar sufrir. Su victoria es nuestra.
Jesús confió en la sabiduría y fuerza de su Padre celestial. Decla-
ra: “Jehová el Señor me ayudará; por tanto no he sido abochornado;
... y sé que no seré avergonzado.... He aquí que Jehová me ayudará.”
Llamando la atención a su propio ejemplo, él nos dice: “¿Quién hay
de entre vosotros que teme a Jehová, ... que anda en tinieblas y no
tiene luz? ¡Confíe en el nombre de Jehová, y apóyese en su Dios!
“Viene el príncipe de este mundo—dice Jesús;—mas no tiene
nada en mí.
No había en él nada que respondiera a los sofismas
de Satanás. El no consintió en pecar. Ni siquiera por un pensamiento
cedió a la tentación. Así también podemos hacer nosotros. La hu-
manidad de Cristo estaba unida con la divinidad. Fué hecho idóneo
para el conflicto mediante la permanencia del Espíritu Santo en él. Y
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él vino para hacernos participantes de la naturaleza divina. Mientras
estemos unidos con él por la fe, el pecado no tendrá dominio sobre
nosotros. Dios extiende su mano para alcanzar la mano de nuestra
fe y dirigirla a asirse de la divinidad de Cristo, a fin de que nuestro
carácter pueda alcanzar la perfección.
Y Cristo nos ha mostrado cómo puede lograrse esto. ¿Por me-
dio de qué venció él en el conflicto con Satanás?—Por la Palabra
de Dios. Sólo por medio de la Palabra pudo resistir la tentación.
“Escrito está,” dijo. Y a nosotros “nos son dadas preciosas y gran-
dísimas promesas, para que por ellas fueseis hechos participantes
de la naturaleza divina, habiendo huído de la corrupción que está
en el mundo por concupiscencia.
Toda promesa de la Palabra de
Dios nos pertenece. Hemos de vivir de “toda palabra que sale de la
boca de Dios.” Cuando nos veamos asaltados por las tentaciones, no
miremos las circunstancias o nuestra debilidad, sino el poder de la