Página 307 - El Deseado de Todas las Gentes (1955)

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“Calla, enmudece”
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Juan, el discípulo amado escribió: “Lo que era desde el principio,
lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros ojos, lo que
hemos mirado, y palparon nuestras manos tocante al Verbo de vida;
... lo que hemos visto y oído, eso os anunciamos.
Como testigos
de Cristo, debemos decir lo que sabemos, lo que nosotros mismos
hemos visto, oído y palpado. Si hemos estado siguiendo a Jesús paso
a paso, tendremos algo oportuno que decir acerca de la manera en
que nos ha conducido. Podemos explicar cómo hemos probado su
promesa y la hemos hallado veraz. Podemos dar testimonio de lo que
hemos conocido acerca de la gracia de Cristo. Este es el testimonio
que nuestro Señor pide y por falta del cual el mundo perece.
Aunque los habitantes de Gádara no habían recibido a Jesús, él
no los dejó en las tinieblas que habían elegido. Cuando le pidieron
que se apartase de ellos, no habían oído sus palabras. Ignoraban lo
que rechazaban. Por lo tanto, les volvió a mandar luz, y por medio
de personas a quienes no podían negarse a escuchar.
Al ocasionar la destrucción de los cerdos, Satanás se proponía
apartar a la gente del Salvador e impedir la predicación del Evan-
gelio en esa región. Pero este mismo incidente despertó a toda la
comarca como no podría haberlo hecho otra cosa alguna y dirigió
su atención a Cristo. Aunque el Salvador mismo se fué, los hombres
a quienes había sanado permanecieron como testigos de su poder.
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Los que habían sido agentes del príncipe de las tinieblas vinieron
a ser conductos de luz, mensajeros del Hijo de Dios. Los hombres
se maravillaban al escuchar las noticias prodigiosas. Se abrió una
puerta a la entrada del Evangelio en toda la región. Cuando Jesús
volvió a Decápolis, la gente acudía a él, y durante tres días, no sólo
los habitantes de un pueblo, sino miles de toda la región circundante
oyeron el mensaje de salvación. Aun el poder de los demonios está
bajo el dominio de nuestro Salvador, y él predomina para bien sobre
las obras del mal.
El encuentro con los endemoniados de Gádara encerraba una
lección para los discípulos. Demostró las profundidades de la de-
gradación a las cuales Satanás está tratando de arrastrar a toda la
especie humana y la misión que traía Cristo de librar a los hombres
de su poder. Aquellos míseros seres que moraban en los sepulcros,
poseídos de demonios, esclavos de pasiones indomables y repug-
nantes concupiscencias, representan lo que la humanidad llegaría