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La Educación Cristiana
fin de educarlos para que llevasen adelante por toda la tierra la gran
obra cuando él la dejase.
Cristo era la luz del mundo. Era la fuente de todo conocimiento.
Podía preparar a los pescadores sin letras para que ejecutasen la
gran comisión que les iba a dar. Las lecciones de verdad dadas a
estos hombres humildes eran de gran significado. Habían de con-
mover la tierra. Parecía cosa sencilla que Jesús relacionase a estas
personas humildes consigo; pero fué un suceso que produjo tremen-
dos resultados. Sus palabras y sus obras habían de revolucionar al
mundo.
Dios aceptará a los jóvenes con sus talentos y sus preciosos afec-
tos, si ellos quieren consagrarse a él. Pueden alcanzar al punto más
alto de la grandeza intelectual; y si son equilibrados por principios
religiosos, pueden llevar adelante la obra que Cristo vino a cumplir
desde el cielo.
Los alumnos de nuestros colegios tienen valiosas ventajas; no
sólo en cuanto al conocimiento de las ciencias, sino también respecto
de aprender a cultivar y practicar virtudes que les darán caracteres
simétricos. Son agentes morales responsables delante de Dios. Los
talentos de riqueza, posición e intelecto son confiados por Dios al
hombre para que los aproveche sabiamente. Ha distribuido estos
diversos cometidos proporcionalmente a las facultades y capacidades
conocidas de sus siervos, a cada uno su trabajo.
Y el Dador espera resultados concordantes con lo dado. El don
más humilde no debe ser despreciado. Cada uno tiene su esfera y vo-
cación peculiares. El que saca el mejor partido de las oportunidades
que Dios le ha confiado, devolverá al Dador, en su aprovechamiento,
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un interés proporcional al capital entregado.
No es la mayor cantidad de trabajo lo que el Señor recompensa.
El no considera la magnitud de la obra tanto como la fidelidad con
que se ha hecho. El siervo bueno y fiel es recompensado. En la
medida en que cultivemos las facultades que Dios nos ha concedido,
creceremos en conocimiento y percepción.
La perseverancia en la adquisición de conocimientos, regida
por el temor y el amor de Dios, dará a los jóvenes crecidas fuerzas
para el bien en esta vida; y los que saquen el mejor partido de sus
oportunidades para alcanzar altas realizaciones, las llevarán consigo
a la vida futura. Han procurado y obtenido lo que es imperecedero.