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La Educación
caracteres deformados han de ser remodelados, en la mayoría de
los casos el maestro debe hacer ese trabajo. Para poder hacerlo con
éxito, necesita poseer el amor y la perspicacia que lo capaciten para
descubrir la causa de las faltas y los errores que se manifiestan en sus
alumnos. También debe poseer el tacto, la habilidad, la paciencia y la
firmeza que le permitan prestar a cada uno la ayuda necesaria; a los
vacilantes y amantes de la comodidad, el ánimo y el auxilio que sean
un estímulo para su esfuerzo; a los desalentados, el compañerismo y
el aprecio que creen confianza y estimulen el esfuerzo.
Características del maestro
Con frecuencia los maestros no tienen mucho trato social con los
alumnos. Manifiestan muy poca simpatía y ternura, y en cambio les
sobra la dignidad que caracteriza al juez severo. Aunque el maestro
ha de ser firme y decidido, no debe ser exigente ni despótico. Ser
rudo y censurador, mantenerse por encima de los alumnos y tratarlos
indiferentemente, equivale a cerrar los caminos por medio de los
cuales podría influir sobre ellos para bien.
En ninguna circunstancia el maestro debe manifestar parcialidad.
Favorecer al alumno simpático y atrayente, y asumir una actitud
de crítica, impaciencia y severidad hacia los que más necesitan
motivación y ayuda, indica que se tiene un concepto totalmente
erróneo de la obra del maestro. El carácter se prueba en el trato con
los deficientes e insoportables; y en eso se conoce si el maestro es
realmente apto o no para desempeñar su puesto.
Grande es la responsabilidad de los que se encargan de guiar
un alma humana. Los padres sinceros lo consideran como un cargo
del cual nunca se librarán totalmente. En la vida del niño, desde el
primer día hasta el último, se manifiesta el poder de ese lazo que
lo liga al corazón de los padres; las acciones, las palabras, hasta la
mirada de ellos forman al niño para bien o para mal.
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El maestro comparte esa responsabilidad y necesita percatarse
constantemente de la santidad de ella y mantener en vista el propósito
de su trabajo. No tan solo ha de desempeñar las tareas diarias para
agradar a quienes patrocinan la escuela y mantener la reputación de
esta; debe considerar el mayor bien de sus alumnos como individuos,
los deberes que la vida les va a imponer, el servicio que les requerirá