Página 510 - El Evangelismo (1994)

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El Evangelismo
Me dijo: “Acepto el testimonio y obedeceré su instrucción”.—
Manuscrito 17, 1892
.
El Hno.-----se encontraba en una situación peligrosa, como un
hombre que estaba por perder su equilibrio para caer a un precipicio.
Yo sabía qué obra hermosa es tratar con las mentes humanas y me
sentía agradecida cuando llegó el momento cuando pude hablarle
con seguridad del peligro que corría. El Señor del cielo desea que
sintamos temor de juzgarnos unos a otros; como seres finitos y suje-
tos a error debiéramos sospechar de nosotros mismos, debiéramos
sentir temor de ofender a Dios al quebrantar las almas de sus hijos.
Estas han sido adquiridas por el Hijo de Dios, compradas con su san-
gre preciosa, y no deben ser acusadas u oprimidas mediante palabra
o acción, porque el Señor se levantará en su defensa.
El miércoles me sentí movida a hablar de los principios que
debieran regir nuestro trato con las mentes y dirigirlas por el camino
correcto. Muchos en el mundo han fijado sus afectos en cosas que
pueden ser buenas en sí mismas, pero sus mentes se encuentran
satisfechas con esas cosas, y no buscan el bien mayor y más elevado
que Cristo desea proporcionarles. Ahora bien, no debemos procurar
privarlos bruscamente de las cosas que han apreciado. Reveladles
la belleza y magnificencia de la verdad. Inducidlos a contemplar a
Cristo y su hermosura, y entonces se apartarán de todo aquello que
pudiera alejar de él sus afectos.—
Carta 23a, 1893
.
Un mensaje de condenación
—Me siento muy agradecida a
nuestro bondadoso Padre celestial porque le ha dado fortaleza me-
diante su gracia impartida para desvincularse de la logia de la franc-
masonería y de todo lo que se relaciona con esa sociedad. No era
seguro para Ud. tener ninguna parte en esa orden secreta. Los que se
encuentran bajo el estandarte ensangrentado del Príncipe Emanuel
no pueden unirse con los francmasones ni con ninguna otra orga-
nización secreta. El sello del Dios viviente no será colocado sobre
nadie que mantenga tal conexión después que la luz de la verdad
ha brillado en su camino. Cristo no está dividido y los cristianos no
pueden servir a Dios y a Mammón. El Señor dice: “Por lo cual, salid
de en medio de ellos, y apartaos... Y no toquéis lo inmundo; y yo os
recibiré, y seré para vosotros por Padre, v vosotros me seréis hijos e
hijas, dice el Señor Todopoderoso”.
2 Corintios 6:2-18
.—
Carta 21,
1893
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