Página 234 - El Hogar Cristiano (2007)

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El Hogar Cristiano
derecho y privilegio de sentarse a la mesa familiar. Dios requiere de
los padres que alimenten y vistan a sus hijos. Pero las obligaciones
de padres e hijos son mutuas. Por su parte, los hijos deben respetar
y honrar a sus padres
Los padres no han de ser esclavos de sus hijos, ni ser quienes
realicen todos los sacrificios mientras permiten que los niños se
críen descuidados y despreocupados, satisfechos con que todas las
cargas recaigan sobre sus padres
La bondad equivocada les enseña a ser indolentes
—Desde
muy temprano se debe enseñar a los niños a ser útiles, a ayudarse
a sí mismos y a ayudar a otros. En nuestra época, muchas hijas
pueden, sin remordimiento de conciencia, ver a sus madres trabajar,
cocinar, lavar o planchar, mientras ellas permanecen en la sala le-
yendo cuentos, o haciendo crochet o bordados. Sus corazones son
tan insensibles como una piedra.
Pero, ¿dónde está el origen de este mal? ¿Quiénes son general-
mente los más culpables? Los pobres y engañados padres. Ellos
pasan por alto el bien futuro de sus hijas, y en su ternura equivocada
las dejan en la ociosidad, o les permiten hacer cosas que tienen poca
utilidad o no requieren ejercicio de la mente o de los músculos, y
luego disculpan a sus hijas indolentes porque son débiles. Pero, ¿qué
es lo que las ha debilitado? En muchos casos ha sido la conducta
errónea de los padres. Una cantidad apropiada de ejercicio en la
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casa mejoraría tanto su mente como su cuerpo. Pero, debido a ideas
falsas, las niñas son privadas de dicho ejercicio, hasta que llegan a
profesar aversión al trabajo
Si vuestros hijos no se han acostumbrado al trabajo, pronto se
cansarán. Se quejarán de dolores en los costados y en los hombros,
y de que tienen los miembros cansados; y vuestra simpatía os hará
correr el riesgo de hacer el trabajo vosotros mismos más bien que
verlos sufrir un poco. Sea muy ligera al principio la carga impuesta
a los niños, y luego vaya aumentando un poco cada día, hasta que
puedan hacer la debida cantidad de trabajo sin cansarse
Peligros de la ociosidad
—Se me ha mostrado que mucho peca-
do es resultado de la ociosidad. Las manos y las mentes activas no
hallan tiempo para ceder a toda tentación que el enemigo sugiere;
pero las manos y los cerebros ociosos están totalmente preparados
para ser dominados por Satanás. Cuando la mente no está debida-