Página 155 - Mensajes para los J

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Capítulo 44—La abnegación
Jesús se vació a sí mismo, y en todo lo que hizo jamás se mani-
festó el yo. Todo lo sometió a la voluntad de su Padre. Al acercarse
el final de su misión en la tierra, pudo decir: “Te he glorificado en
la tierra. He acabado la obra que me encargaste”
Y nos ordena:
“Aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón”
“Si al-
guno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y
sígame”
renuncie a todo sometimiento del egoísmo para que este
no tenga más dominio sobre el ser.
Quien contemple a Cristo en su abnegación y en su humildad
de corazón, no podrá menos que decir como Daniel: “Quedé sin
fuerza y desfallecí”
El espíritu de independencia y predominio de
que nos gloriamos se revela en su verdadera vileza, como marca de
nuestra sujeción a Satanás. La naturaleza humana pugna siempre
por expresarse; está siempre lista para luchar. Mas el que aprende
de Cristo renuncia al yo, al orgullo, al amor por la supremacía, y
hay silencio en su ser. El yo se somete a la voluntad del Espíritu
Santo. No ansiaremos entonces ocupar el lugar más elevado. No
pretenderemos destacarnos ni abrirnos paso por la fuerza, sino que
sentiremos que nuestro más alto lugar está a los pies de nuestro
Salvador. Miraremos a Jesús, aguardaremos que su mano nos guíe y
escucharemos su voz que nos dirige. El apóstol Pablo experimentó
esto y dijo: “Con Cristo estoy crucificado, y ya no vivo yo, sino que
Cristo vive en mí. Y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo por la
fe en el Hijo de Dios, quien me amó y se entregó a sí mismo por
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mí”
El Discurso Maestro de Jesucristo, 18
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Juan 17:4
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Mateo 11:29
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Mateo 16:24
Daniel 10:8
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Gálatas 2:20
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