Página 263 - El Ministerio Pastoral (1995)

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La visitación a los miembros de grupos especiales
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ancianos de la iglesia, y ellos siguen las instrucciones de Santiago,
ungiendo al enfermo con aceite en el nombre del Señor e imploran-
do por él la oración de fe, leemos, “Y la oración de fe salvará al
enfermo, y el Señor lo levantará. Y si hubiere cometido pecados, le
serán perdonados”.
No puede ser nuestro deber llamar a los ancianos de la iglesia por
cualquier pequeña dolencia que tengamos, pues esto sería imponer
una carga sobre ellos. Si todos hicieran esto ocuparían completamen-
te su tiempo, y no podrían hacer nada más; pero el Señor nos da el
privilegio de buscarlo en forma individual en oración ferviente para
descargar nuestras almas sobre él, sin ocultar nada de Aquel que nos
ha invitado, “Venid a mí, todos los que estáis trabajados y cargados,
que yo os haré descansar”. ¡Oh, cuán agradecidos debemos estar que
Jesús está dispuesto y habilitado para llevar todas nuestras dolencias,
fortaleciéndonos y sanándonos de todas nuestras enfermedades si es
para nuestro bien y para su gloria. Algunos murieron en los días de
Cristo y en los días de los apóstoles porque el Señor sabía lo que era
mejor para ellos.—
Medical Ministry, 16, 17
.
El ungimiento debe ser ofrecido normalmente sólo a los que
guardan los mandamientos
—Usted preguntó si debemos orar so-
lamente por los que tienen el mensaje del tercer ángel, o si debemos
orar por todos los que lo soliciten, etc. Santiago 5 es la regla a seguir.
“¿Está alguno enfermo entre vosotros? Llame”, etc. Son aquellos
que están entre nosotros. Dios me ha mostrado que quienes guardan
los mandamientos no deben tener nada que ver [en el ungimiento
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y oración especial] con los enfermos de aquellos que diariamente
están pisoteándolos, a menos que sea un caso especial en el que
las almas han sido convencidas de la verdad y están decididas a
aceptarla. Se debe mantener una pared de separación entre los que
guardan los mandamientos y los que los pisotean.—
Carta 4, 1857
.
Elena White efectuó servicios de ungimiento
—Justo cuando
concluyó el servicio, la Hna. Meade, quien había sido afligida por
una fiebre persistente, nos solicitó que orásemos por ella. Los Hnos.
Holt, Wheeler, Stowell, James y yo nos dirigimos a una recámara.
Después de que la ungí con aceite oramos por ella, y fue sanada
totalmente y cayó postrada por el poder de Dios. Esa noche subimos
a un bote de remos y fuimos por el lago cerca de una milla hasta
la casa del Hno. Meade. Su hermana estaba allí con un niño muy