Página 93 - Maranata

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A prueba de tentaciones, 24 de marzo
Presentaos vosotros mismos a Dios... y vuestros miembros a Dios como instrumentos de justicia. Porque el pecado no se
enseñoreará de vosotros.
Romanos 6:13, 14
.
No hay poder capaz de quebrantar el yugo del mal y libertar de él los corazones de los hombres, sino el poder de Dios en
Jesucristo. Solo mediante la sangre del Crucificado hay purificación del pecado. Solo la gracia de Cristo puede habilitarnos para
resistir y dominar las inclinaciones de nuestra naturaleza caída.—
El Ministerio de Curación, 335
.
El valor infinito del sacrificio requerido por nuestra redención da a conocer el hecho de que el pecado es un mal tremendo.
Por causa del pecado, el organismo humano completo está en desarreglo, la mente pervertida, y la imaginación corrompida. El
pecado ha degradado las facultades del alma. El corazón reacciona positivamente a las tentaciones de afuera, y los pies se apresuran
imperceptiblemente hacia el mal.
Así como el sacrificio expiatorio en nuestro favor fue completo, también nuestra restauración de la contaminación del pecado ha
de ser completa. La ley no excusa ningún acto de maldad; no hay injusticia que se escape de la condenación. La vida de Cristo fue
un cumplimiento perfecto de todos los preceptos de la ley. Él dijo: “Yo he guardado los mandamientos de mi Padre”.
Juan 15:10
. Su
vida es nuestra norma de obediencia y servicio.—
Testimonies for the Church 8:326
.
Hoy Satanás presenta las mismas tentaciones que presentó a Cristo, ofreciéndonos los reinos del mundo a cambio de nuestra
sumisión. Pero no tienen poder las tentaciones de Satanás sobre aquel que contempla a Jesús como el Autor y Consumador de
su fe. No puede hacer pecar al que acepte por fe las virtudes de Aquel que fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin
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pecado.—
Mensajes Selectos 1:262
.
La expulsión del pecado es obra del alma misma. Por cierto, no tenemos poder para librarnos a nosotros mismos del dominio de
Satanás; pero cuando deseamos ser libertados del pecado, y en nuestra gran necesidad clamamos por un poder exterior y superior a
nosotros, las facultades del alma quedan dotadas de la fuerza divina del Espíritu Santo y obedecen los dictados de la voluntad, en
cumplimiento de la voluntad de Dios.—
El Deseado de Todas las Gentes, 431, 432
.
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