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Obreros Evangélicos
manifestar tanta tolerancia para con su error que él no se considere
merecedor de la reprensión, y rechace a ésta por inoportuna e injusta.
Una carga por las almas
Los ministros de Dios deben entrar en íntima comunión con
Cristo, y seguir su ejemplo en todas las cosas—en la pureza de
la vida, en la abnegación, en la benevolencia, en la diligencia, en
la perseverancia. El ganar almas para el reino de Dios debe ser
su primera consideración. Con pesar por el pecado y con amor
paciente, deben trabajar como trabajó Cristo, en un esfuerzo resuelto
e incesante.
Juan Welch, conocido ministro del Evangelio, sentía tanta preo-
cupación por las almas que a menudo se levantaba de noche para
elevar a Dios sus súplicas por la salvación de ellas. En cierta ocasión
su esposa le aconsejó que considerase su salud y no se expusiese así.
Su respuesta fué: “¡Oh, mujer, debo dar cuenta de tres mil almas, y
no sé cómo están!”
En cierto pueblo de la Nueva Inglaterra se estaba cavando un po-
zo. Cuando el trabajo estaba casi terminado, la tierra se desmoronó
y sepultó a un hombre que quedaba todavía en el fondo. Inmedia-
tamente cundió la alarma, y mecánicos, agricultores, comerciantes,
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abogados, todos acudieron jadeantes a rescatarlo. Manos volunta-
rias y ávidas por ayudar trajeron sogas, escaleras, azadas y palas.
“¡Salvadlo, oh, salvadlo!” era el clamor general.
Los hombres trabajaron con energía desesperada, hasta que sus
frentes estuvieron bañadas en sudor y sus brazos temblaban por el
esfuerzo. Al fin se pudo hacer penetrar un caño, por el cual gritaron
al hombre que contestara si vivía todavía. Llegó la respuesta. “Vivo,
pero apresuraos. Es algo terrible estar aquí.” Con un clamor de
alegría, renovaron sus esfuerzos, y por fin llegaron hasta él. La
algazara que se elevó entonces parecía llegar hasta los mismos cielos.
“¡Salvado! ¡Salvado!” era el clamor que repercutía por toda calle del
pueblo.
¿Era demostrar demasiado celo e interés, demasido entusiasmo,
para salvar a un hombre? Por supuesto que no; pero ¿qué es la pér-
dida de la vida temporal en comparación con la pérdida de un alma?
Si el peligro de que se pierda una vida despierta en los corazones