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La oración por los enfermos
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del hombre es la oportunidad de Dios.—
Mensajes Selectos 3:338,
339
.
Todo lo que puede hacerse al orar por los enfermos es importunar
fervientemente a Dios en su favor, y entregar en sus manos el asunto
con perfecta confianza. Si miramos a la iniquidad y la conservamos
en nuestro corazón, el Señor no nos oirá. Él puede hacer lo que
quiere con los suyos.—
Testimonios para la Iglesia 2:134
.
A menudo he tenido el privilegio de orar por los enfermos. Debe-
mos hacer esto mucho más frecuentemente de lo que lo hacemos.—
Mensajes Selectos 3:338
.
Nuestra obra consiste en presentar los enfermos y dolientes a
Cristo en los brazos de nuestra fe... Debemos echar mano de su
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promesa, y orar por la manifestación de su poder. La misma esencia
del evangelio es la restauración, y el Salvador quiere que invitemos
a los enfermos, los imposibilitados y los afligidos a echar mano de
su fuerza.—
El Deseado de Todas las Gentes, 764
.
La oración por el enfermo es un asunto demasiado impor-
tante para que se maneje descuidadamente
—La oración por el
enfermo es un asunto demasiado importante para que se maneje
descuidadamente. Creo que debemos llevar todo al Señor, y darle
a conocer todas nuestras debilidades y especificarle todas nuestras
perplejidades.—
El Ministerio Médico, 19
.
La oración por los enfermos es tan efectiva ahora como lo
era en los tiempos bíblicos
—El Médico divino está presente en la
pieza del enfermo; oye toda palabra de las oraciones a él elevadas
con la sencillez de la verdadera fe. Sus discípulos de hoy han de
orar por los enfermos tanto como los discípulos de antaño. Y habrá
restablecimientos; porque “la oración de fe salvará al enfermo”.—
Obreros Evangélicos, 227
.
Dios está tan dispuesto hoy a sanar a los enfermos como cuando
el Espíritu Santo pronunció aquellas palabras por medio del salmista.
Cristo es el mismo Médico compasivo que cuando desempeñaba
su ministerio terrenal. En él hay bálsamo curativo para toda enfer-
medad, poder restaurador para toda dolencia. Sus discípulos de hoy
deben rogar por los enfermos con tanto empeño como los discípulos
de antaño. Y se realizarán curaciones, pues “la oración de fe salvará
al enfermo”. Tenemos el poder del Espíritu Santo y la tranquila
seguridad de la fe para aferrarnos a las promesas de Dios. La prome-