Página 601 - Historia de los Patriarcas y Profetas (2008)

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Saúl rechazado
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Pasar por alto los reproches y las advertencias de la palabra de
Dios o de su Espíritu, es un paso peligroso. Muchos, como Saúl,
ceden a la tentación hasta que se ponen ciegos y no pueden ver el
verdadero carácter del pecado. Se jactan de que tenían algún buen
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propósito en vista, y que no han hecho ningún daño al apartarse de
las instrucciones de Dios. Así desprecian el Espíritu de la gracia
hasta que ya no oyen su voz, y él los deja entregados a los engaños
que han escogido.
En Saúl Dios había dado a los israelitas un rey según el corazón
de ellos, como dijo Samuel cuando le fue confirmado el reino a Saúl
en Gilgal: “Ahora pues, ved aquí vuestro rey que habéis elegido”.
1
Samuel 12:13
. Bien parecido, de estatura noble y de porte principes-
co, tenía una apariencia en un todo de acuerdo con el concepto que
ellos tenían de la dignidad real; y su valor personal y su pericia en la
dirección de los ejércitos eran las cualidades que ellos consideraban
como las mejor calculadas para obtener el respeto y el honor de otras
naciones.
Les interesaba muy poco que su rey tuviera las cualidades supe-
riores que eran las únicas capaces de prepararlo para gobernar con
justicia y con equidad. No pidieron un hombre que tuviera verdadera
nobleza de carácter, y que amara y temiera a Dios. No buscaron el
consejo de Dios acerca de las cualidades que su gobernante debía
tener para que ellos pudieran conservar su carácter distintivo y santo
como pueblo escogido del Señor. No buscaron el camino de Dios,
sino el propio. Por lo tanto, Dios les dio un rey como lo querían, uno
cuyo carácter reflejaba el de ellos mismos. El corazón de ellos no
se sometía a Dios, y su rey tampoco era subyugado por la, gracia
divina. Bajo el gobierno de este rey, iban a obtener la experiencia
necesaria para que pudieran ver su error, y volver a ser leales a Dios.
Sin embargo, habiendo el Señor encargado a Saúl la responsabi-
lidad del reino, no lo abandonó ni lo dejó solo. Hizo que el Espíritu
Santo se posara en Saúl para que le revelara su propia debilidad y su
necesidad de la gracia divina; y si Saúl hubiera fiado en Dios, el Se-
ñor habría estado con él. Mientras la voluntad de Saúl fue dominada
por la voluntad de Dios, mientras cedió a la disciplina de su Espíritu,
Dios pudo coronar sus esfuerzos de éxito. Pero cuando Saúl escogió
actuar independientemente de Dios, el Señor no pudo ya ser su guía,
y se vio obligado a hacerlo a un lado. Entonces llamó a su trono a