Página 508 - Historia de los Patriarcas y Profetas (1954)

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Historia de los Patriarcas y Profetas
“Los que confían en Jehová son como el monte de Sión,
Que no deslizará: estará para siempre.
Como Jerusalem tiene montes alrededor de ella,
Así Jehová alrededor de su pueblo
Desde ahora y para siempre.”
Salmos 125:1, 2
.
Al llegar a la cumbre de las colinas que dominaban la santa ciu-
dad, miraban con asombro y reverencia las multitudes de adoradores
que se dirigían hacia el templo. Veían ascender el humo del incien-
so, y al oír las trompetas de los levitas que anunciaban el servicio
sagrado, sentían la inspiración de la hora sagrada, y cantaban:
“Grande es Jehová y digno de ser en gran manera alabado, En
la ciudad de nuestro Dios, en el monte de su santuario.
Hermosa provincia, el gozo de toda la tierra es el monte
de Sión, A los lados del aquilón, la ciudad del gran Rey.”
Salmos 48:1, 2
.
“Haya paz en tu antemuro,
Y descanso en tus palacios.”
“Abridme las puertas de la justicia:
Entraré por ellas, alabaré a JAH.”
“A Jehová pagaré ahora mis votos
Delante de todo su pueblo;
En los atrios de la casa de Jehová,
En medio de ti, oh Jerusalem.
Aleluya.”
Salmos 122:7
;
118:19
;
116:18, 19
.
Todas las casas de Jerusalén se abrían para recibir a los pere-
grinos, y se les proporcionaba alojamiento gratuito; pero esto no
bastaba para la vasta asamblea, y se levantaban tiendas en todos los
sitios disponibles de la ciudad y de las colinas circundantes.
El día catorce del mes, por la noche, se celebraba la pascua, cuyas
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ceremonias solemnes e imponentes conmemoraban la liberación de
la esclavitud en Egipto y señalaban hacia adelante, al sacrificio que
los había de librar de la servidumbre del pecado. Cuando el Salvador
dió su vida en el Calvario, cesó el significado de la pascua, y quedó
instituída la santa cena para conmemorar el acontecimiento que
había sido prefigurado por la pascua.