Página 263 - La Temperancia (1976)

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La instrucción sobre temperancia: uno de los objetivos de nuestra obra médica
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Hay que enseñar temperancia estricta
—Cuando el médico ve
sufrir al paciente de una enfermedad derivada de alimentos o brebajes
impropios o de otros hábitos erróneos, y no se lo dice, le perjudica.
Los beodos, los dementes, los disolutos, todos imponen al médico
la declaración terminante de que los padecimientos son resultado
del pecado. Los que entienden los principios de la vida deberían
esforzarse por contrarrestar las causas de las enfermedades. Al ver el
continuo conflicto con el dolor y tener que luchar constantemente por
aliviar a los que padecen, ¿cómo puede el médico guardar silencio?
¿Puede decirse que es benévolo y compasivo si deja de enseñar
la estricta templanza como remedio contra la enfermedad?—
El
Ministerio de Curación, 77
.
Un guardián de la salud física y moral
—El verdadero médico
es educador. Reconoce su responsabilidad, no sólo para con los
enfermos que están bajo su cuidado personal, sino también para con
la población en que vive. Es guardián de la salud física y moral. Su
tarea no sólo consiste en enseñar métodos acertados para el trata-
miento de los enfermos, sino también en fomentar buenos hábitos
de vida y esparcir el conocimiento de sanos principios.
Nunca fue tan necesario como hoy dar educación en los prin-
cipios que rigen la salud. A pesar de los maravillosos adelantos
relacionados con las comodidades y el bienestar de la vida, y aun
con la higiene y el tratamiento de las enfermedades, resulta alarman-
te el decaimiento del vigor y de la resistencia física. Esto requiere la
atención de cuantos toman muy a pecho el bienestar del prójimo.
Nuestra civilización artificial fomenta males que anulan los sa-
nos principios. Las costumbres y modas están en pugna con la
naturaleza. Las prácticas que imponen, y los apetitos que alientan,
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aminoran la fuerza física y mental y echan sobre la humanidad una
carga insoportable. Por doquiera se ven intemperancia y crímenes,
enfermedad y miseria.
Muchos violan las leyes de la salud por ignorancia, y necesi-
tan instrucción. Pero la mayoría sabe cosas mejores que las que
práctica. Debe comprender cuán importante es que rija su vida por
sus conocimientos. El médico tiene muchas oportunidades para ha-
cer conocer los principios que rigen la salud y para enseñar cuán
importante es que se los ponga en práctica. Mediante acertadas