Página 98 - La Verdad acerca de los Angeles (1997)

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La Verdad acerca de los Angeles
Hasta los filisteos paganos no se habían atrevido a quitarle los
envoltorios. Angeles celestiales invisibles la habían acompañado en
todos sus viajes. La irreverente osadía de los bet-semitas fue pres-
tamente castigada. Muchos fueron heridos de muerte repentina.—
Historia de los Patriarcas y Profetas, 638-639
.
Saúl y Jonatán
Dios había elegido a Samuel para juzgar a Israel. Era honrado por
todo el pueblo. Aunque Dios debía ser reconocido como el máximo
Dirigente, él designaba a sus colaboradores, los imbuía de su Espíritu
y les comunicaba su voluntad mediante los ángeles.—
Spiritual Gifts
4a:67
.
A causa del pecado de presunción cometido por Saúl al presentar
su sacrificio, el Señor no quiso darle el honor de vencer a los filisteos.
Jonatán, el hijo del rey, hombre que temía al Señor, fue escogido
como el instrumento que había de liberar a Israel...
Los ángeles del cielo escudaron a Jonatán y a su acompañante;
pelearon a su lado, y los filisteos sucumbieron delante de ellos.—
Historia de los Patriarcas y Profetas, 674-675
.
Angeles de Dios pelearon del lado de Jonatán, y los filisteos
cayeron ante él. Un gran temor invadió las huestes filisteas, tanto
en el campo de batalla como en la retaguardia... La tierra tembló
debajo de ellos, como si una multitud de jinetes y carros estuviesen
sobre el campo, preparados para la batalla. Jonatán y su escudero,
así como los filisteos, sabían que el Señor estaba obrando para la
liberación de los hebreos.—
Spiritual Gifts 4a:70
.
[125]
La juventud de David
Samuel no volvió a dar instrucciones a Saúl de parte de Dios.
El Señor no podía emplearlo más para llevar a cabo sus propósitos.
Envió a Samuel a la casa de Isaí para ungir a David, a quien había
elegido para gobernar en lugar de Saúl.
Cuando los hijos de Isaí pasaron delante de Samuel, él hubiera
elegido a Eliab, de elevada estatura y digna apariencia. Pero el
ángel del Señor estaba allí para guiarlo en esta importante decisión.
Le instruyó a que no se guiara por las apariencias. Eliab no temía