Página 160 - Joyas de los Testimonios 1 (1971)

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Joyas de los Testimonios 1
los incrédulos inteligentes y sensatos. Algunos tienen mucho que
decir acerca de los dones, y tienen a menudo manifestaciones es-
peciales. Se entregan a sentimientos desenfrenados y excitantes, y
hacen ruidos ininteligibles que llaman don de lenguas. Cierta clase
de personas parece encantada con estas extrañas manifestaciones.
Un espíritu extraño domina a estas gentes, que están dispuestas a
atropellar a cualquiera que se proponga reprenderlas. El Espíritu de
Dios no está en esta obra y no acompaña a tales obreros. Ellos tienen
otro espíritu. Sin embargo, estos predicadores tienen éxito entre
cierta clase. Pero esto multiplicará el trabajo de aquellos siervos a
quienes Dios envíe, que estén preparados para presentar a la gente el
sábado y los dones en su debido marco, y cuya influencia y ejemplo
sean dignos de imitación.
La verdad debe ser presentada de una manera que la haga atrac-
tiva para el espíritu inteligente. No se nos comprende como pueblo,
sino que se nos considera como personas degradadas, de intelecto
débil y humilde condición. Por lo tanto, cuán importante es que
todos los que enseñan la verdad y todos los que la creen estén de
tal manera afectados por su influencia santificadora que su vida
consecuente y elevada demuestre a los incrédulos que han estado
equivocados con respecto a este pueblo. Cuán importante es que la
causa de la verdad quede despojada de todo lo que se parezca a una
excitación falsa y fanática, a fin de que la verdad se destaque por sus
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propios méritos, revelando su pureza original y su carácter excelso.
Vi que es sumamente importante que aquellos que prediquen
la verdad sean de modales refinados, y que rehuyan las rarezas y
excentricidades, y presenten la verdad en su pureza y claridad. Se
me refirió a
Tito 1:9
: “Retenedor de la fiel palabra que es conforme
a la doctrina: para que también pueda exhortar con sana doctrina,
y convencer a los que contradijeren.” En el
versículo 16
, Pablo
habla de una clase que profesa conocer a Dios, pero lo niega por
sus obras, siendo “reprobados para toda buena obra.” Exhorta así
a Tito: “Empero tú, habla lo que conviene a la sana doctrina: que
los viejos sean templados, graves, prudentes, sanos en la fe, en la
caridad, en la paciencia. ... Exhorta asimismo a los mancebos a
que sean comedidos; mostrándote en todo por ejemplo de buenas
obras; en doctrina haciendo ver integridad, gravedad, palabra sana,
e irreprensible; que el adversario se avergüence, no teniendo mal