Página 241 - Joyas de los Testimonios 1 (1971)

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El engaño de las riquezas
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Amada hermana, la alabanza de los hombres y la adulación
corriente en el mundo han ejercido en Vd. una influencia mayor de lo
que cree. No ha aprovechado sus talentos, dándolos a los banqueros.
Vd. es por naturaleza afectuosa y generosa. Ha ejercido estos rasgos
de carácter hasta cierto punto, pero no tanto como Dios requiere.
La mera posesión de estos dones excelentes, no es suficiente; Dios
exige que se los mantenga en constante ejercicio, porque, valiéndose
de ellos, él bendice a los que necesitan ayuda y lleva a cabo su obra
en favor de la salvación del hombre. ...
Oportunidad de volver
A Vd., hermana mía, se le ha confiado dinero y la capacidad de
ejercer influencia; por lo tanto, su responsabilidad es grande. Debe
obrar con cautela, y en el temor de Dios. Su sabiduría es debilidad,
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pero la sabiduría de lo alto es fuerte. El Señor quiere iluminar sus
tinieblas y volver a darle una vislumbre del tesoro celestial, para que
pueda apreciar el valor comparativo de ambos mundos. Le permite
así elegir entre este mundo o la herencia eterna. Vi que tenía todavía
oportunidad de volver al aprisco. Jesús la ha redimido por su propia
sangre, y le pide que emplee sus talentos en su servicio. Vd. no se ha
endurecido a la influencia del Espíritu Santo. Cuando se le presenta
la verdad de Dios, halla respuesta en su corazón. ...
Amada hermana mía, el Señor ha sido muy misericordioso con
Vd. y su familia. Tiene ante su Padre celestial la obligación de alabar
y glorificar su santo nombre en la tierra. A fin de continuar en su
amor, debe trabajar constantemente para obtener la humildad de
espíritu, y ese ánimo manso y sereno que es de gran valor a los
ojos de Dios. Su fuerza en Dios aumentará al consagrarlo todo a
él, de manera que pueda decir con confianza: “¿Quién nos apartará
del amor de Cristo? ¿tribulación? ¿o angustia? ¿o persecución? ¿o
hambre? ¿o desnudez? ¿o peligro? ¿o cuchillo?”
Romanos 8:35
.
“Por lo cual estoy cierto que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni
principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir, ni lo alto,
ni lo bajo, ni ninguna criatura nos podrá apartar del amor de Dios,
que es en Cristo Jesús Señor nuestro.”
Vers. 38, 39
.
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