Página 437 - Joyas de los Testimonios 1 (1971)

Basic HTML Version

La retención de los recursos
433
indisputable derecho a todo lo que ha prestado a sus criaturas. Todo
lo que ellas poseen le pertenece.
Hay objetos elevados y santos que requieren recursos, y el dinero
así invertido proporcionará al dador gozo más abundante y perma-
nente de lo que obtendría si lo gastara en la complacencia personal
o lo acumulase egoístamente cediendo a la codicia. Cuando Dios
nos pide nuestro tesoro, cualquiera que sea la cantidad, la respuesta
voluntaria hace del don una ofrenda consagrada a él y acumula para
el dador un tesoro en el cielo, donde la polilla no puede corromper,
ni el fuego consumir, ni los ladrones hurtar. La inversión no corre
riesgo. El dinero queda en sacos sin agujeros; está seguro.
¿Pueden los cristianos, que se precian de tener mayor luz que los
hebreos, dar menos de lo que daban ellos? ¿Pueden los cristianos que
viven cerca del tiempo del fin quedar satisfechos con sus ofrendas
que no alcanzan ni a la mitad de lo que eran las de los judíos? Su
generosidad tendía a beneficiar a su propia nación; en estos postreros
días la obra se extiende al mundo entero. El mensaje de la verdad
ha de ir a todas las naciones, lenguas y pueblos; sus publicaciones,
impresas en muchas lenguas diferentes, han de ser esparcidas como
las hojas de los árboles en el otoño.
Escrito está: “ Pues que Cristo ha padecido por nosotros en la
carne, vosotros también estad armados del mismo pensamiento.”
[469]
1 Pedro 4:1
. Y además: “El que dice que está en él, debe andar
como él anduvo.”
1 Juan 2:6
. Preguntémonos: ¿Qué habría hecho
nuestro Salvador en nuestras circunstancias? ¿Cuáles habrían sido
sus esfuerzos para la salvación de las almas? Esta pregunta queda
contestada por el ejemplo de Cristo. Dejó su realeza, puso a un lado
su gloria, sacrificó sus riquezas y revistió su divinidad de humanidad,
a fin de alcanzar a los hombres donde estaban. Su ejemplo demuestra
que depuso la vida por los pecadores.
La cruz revela un principio
Satanás dijo a Eva que podía alcanzarse un alto estado de felici-
dad complaciendo al apetito irrefrenado; pero la promesa de Dios
al hombre se realiza por medio de la abnegación. Cuando, sobre
la ignominiosa cruz, Cristo sufría en agonía por la redención del
hombre, la naturaleza humana fué exaltada. Únicamente mediante