Página 60 - Joyas de los Testimonios 1 (1971)

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Joyas de los Testimonios 1
diligentemente su corazón, a examinarse y a calcular el costo de lo
que significa ser cristiano. El resultado es que los jóvenes profesan
ser cristianos sin probar suficientemente sus motivos.
Dice el Testigo fiel: “Ojalá fueses frío o caliente. Mas porque
eres tibio, y no frío ni caliente, te vomitaré de mi boca.”
Apocalipsis
3:15, 16
. Satanás acepta que seáis cristianos de nombre, porque así
resultáis más convenientes para sus fines. Si tenéis una forma de
piedad y no la verdadera, puede usaros como señuelo para atraer a
otros al mismo estado de engaño propio. Algunas pobres almas os
mirarán a vosotros en vez de recurrir a la norma de la Biblia; y no se
elevarán más alto. Serán tan buenas como vosotros, y se quedarán
satisfechas.
A los jóvenes se los insta a menudo a cumplir con su deber, a
hablar u orar en las reuniones; se les insta a que mueran al orgullo.
Se les insta a cada paso. Una religión tal no vale nada. Si cambia el
corazón carnal, no habrá tal obra rutinaria, ni personas de corazón
frío que profesen servir a Dios. Todo el amor al vestido y a las apa-
riencias habrá desaparecido. El tiempo que pasáis delante del espejo,
arreglando vuestro cabello para que agrade al ojo, será dedicado a la
oración y al escudriñamiento del corazón. En el corazón santificado
no habrá cabida para el atavío exterior, sino una búsqueda ferviente
y ansiosa del adorno interior: las gracias cristianas y los frutos del
Espíritu de Dios.
Dice el apóstol: “El adorno de las cuales no sea exterior con
encrespamiento del cabello, y atavío de oro, ni en compostura de
ropas; sino el hombre del corazón que está encubierto, en incorrup-
tible ornato de espíritu agradable y pacífico, lo cual es de grande
estima delante de Dios.”
1 Pedro 3:3, 4
.
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Subyugad la mente carnal, reformad la vida, y no se idolatrará
el pobre cuerpo mortal. Si se reforma el corazón, ello se notará
en la apariencia exterior. Si Cristo es en nosotros la esperanza de
gloria, descubriremos tan incomparables encantos en él que el alma
se enamorará. Se aferrará a él, elegirá amarle, y por admiración a
él, será olvidado el yo. Jesús será magnificado y adorado, y el yo
humillado y abatido. Pero profesar el cristianismo sin este amor
profundo, es simple palabrería, árido formalismo y penosa rutina.
Muchos de vosotros conserváis una noción mental de la religión,
una religión exterior, aunque el corazón no ha sido purificado. Dios