Página 81 - Joyas de los Testimonios 1 (1971)

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Deberes para con los hijos
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Aunque sean adultos, se requiere de los hijos que respeten a
sus padres, y que se preocupen por su comodidad. Deben seguir los
consejos de padres piadosos, y no han de pensar que porque han
cumplido algunos años más ya no tienen obligaciones para con ellos.
Hay un mandamiento que encierra una promesa para aquellos que
amen a su padre y a su madre. En estos postreros días, los hijos se
distinguen tanto por su desobediencia y falta de respeto, que Dios
lo ha notado especialmente. Ello constituye una señal de que el fin
se acerca y demuestra que Satanás ejerce un dominio casi completo
sobre la mente de los jóvenes. Muchos no respetan ya las canas.
Se considera que eso es anticuado; que es una costumbre que data
de los tiempos de Abrahán. Dijo Dios: “Yo lo he conocido, sé que
mandará a sus hijos y a su casa después de sí.”
Génesis 18:19
.
Antiguamente, no se permitía a los hijos que se casaran sin el
consentimiento de sus padres. Los padres elegían los cónyuges de
sus hijos. Se consideraba delito que los hijos contrajesen matrimonio
por su propia responsabilidad. Primero se presentaba el asunto ante
los padres, y ellos habían de considerar si la persona que iba a
ser puesta en íntima relación con ellos era digna, y si las partes
contrayentes podían sostener una familia. Se consideraba de suma
importancia el que ellos, como adoradores del verdadero Dios, no se
uniesen en matrimonio con gente idólatra, a fin de que sus familias
no fuesen apartadas de Dios. Aun después que los hijos se habían
casado, se hallaban bajo la más solemne obligación para con sus
padres. Su juicio no era considerado aun entonces como suficiente
sin el consejo de los padres, y se les exigía que respetasen y acatasen
sus deseos, a menos que éstos se opusieran a los requisitos de Dios.
También fué llamada mi atención a la condición de los jóvenes
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en estos últimos días. No se ejerce dominio sobre los niños. Padres,
debéis principiar vuestra primera lección de disciplina cuando vues-
tros hijos son aún niños mamantes en vuestros brazos. Enseñadles a
conformar su voluntad a la vuestra. Esto puede hacerse con sereni-
dad y firmeza. Los padres deben ejercer un dominio perfecto sobre
su propio genio, y con mansedumbre, aunque con firmeza, doblegar
la voluntad del niño hasta que no espere otra cosa sino el deber de
ceder a sus deseos.