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Cristo trata con las mentes
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aflicciones y tentaciones que asaltan al hombre, y aquí luchó con
esas tentaciones, pasando por el terreno donde Adán cayó, para poder
redimir el fracaso y la caída de Adán.
Con la naturaleza humana, como nuestro sustituto y garantía,
se aferró de la misma esperanza que tenemos el privilegio de asir,
y eso es poder infinito. Mediante él, nuestro Salvador venció las
tentaciones del enemigo y obtuvo la victoria. ¿Para quiénes? Para
nosotros. ¿Para qué? Para que ninguno de los miembros de la familia
humana necesite tropezar en el camino que conduce a la vida eterna.
Por cuanto él lo recorrió antes de nosotros, conoce todo obstáculo,
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conoce cada dificultad que todo ser humano debe enfrentar. Conoce
esto, y por consiguiente, cuando en ocasión de su bautismo ofreció
su pedido al cielo, esa oración se abrió paso directamente a través
de la sombra infernal que Satanás ha arrojado sobre el sendero de
ustedes, sobre mi sendero, y la fe penetró “hasta dentro del velo”.
Hebreos 6:19
.—
Manuscrito 18, 1895
.
Ayuda a ejercer fe
Cristo conocía todos los pensamientos de ella [la mujer con
el flujo de sangre], y se dirigía hacia ella. Él comprendía la gran
necesidad de la mujer, y la ayudaba a ejercitar su fe.—
El Ministerio
de Curación, 38 (1905)
.
El conocimiento divino puede llegar a ser nuestro
El conocimiento divino puede llegar a ser conocimiento humano.
Cada ministro debe estudiar cuidadosamente la forma en que Cristo
enseñaba. Necesita comprender sus lecciones. No hay uno en veinte
que conozca la belleza y la real esencia del ministerio de Cristo. Han
de descubrirlo. Entonces llegarán a ser participantes del rico fruto
de sus enseñanzas. Las entretejerán tan plenamente en su propia
vida y práctica que las ideas y los principios que Cristo presentó
en sus lecciones aparecerán en su enseñanza. La verdad florecerá
y llevará los frutos más nobles. Y el propio corazón del obrero se
encenderá; sí, arderá con la vivificante vida espiritual que infunden
en las mentes de otros.—
Manuscrito 104, 1898
.