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Amor y sexualidad en la experiencia humana
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Subordinados a la voluntad de Dios
Todos los que tienen una verdadera comprensión de lo que signi-
fica ser cristiano, saben que los seguidores de Cristo, como discípulos
suyos, están en la obligación de dominar todas sus pasiones y colocar
sus facultades físicas y mentales en perfecta sumisión a la voluntad
de Cristo. Aquellos que están dominados por sus pasiones, no pue-
den ser seguidores de Cristo. Están muy entregados al servicio de su
maestro, el originador de todo mal, para dejar sus hábitos corruptos
y escoger servir a Cristo.—
Conducción del Niño, 418, 419 (1864)
.
Los pensamientos son un factor decisivo
Los pensamientos impuros conducen a actos impuros. Si Cristo
es el tema de contemplación, los pensamientos estarán muy sepa-
rados de todo tema que lo conduzca a actos impuros. La mente
se fortalecerá al espaciarse en temas elevadores. Si se la educa
para correr por cauces de pureza y santidad, llegará a ser saluda-
ble y vigorosa. Si se la instruye para considerar temas espirituales,
naturalmente se inclinará hacia ellos. Pero esta atracción de los
pensamientos hacia las cosas celestiales no se puede obtener sin el
ejercicio de la fe en Dios y sin una dependencia ferviente y humilde
de él para obtener esa gracia y fuerzas que serán suficientes para
toda emergencia.—
Testimonies for the Church 2:408 (1870)
.
El pecado de la fantasía
[Usted es responsable ante Dios por sus pensamientos.] Si usted
consiente en vanas imaginaciones, y permite que su mente se ocupe
de temas impuros, en cierto grado es tan culpable delante de Dios
como si sus pensamientos se tradujeran en acción. Lo único que
impide la acción es la falta de oportunidad.—
Testimonies for the
Church 2:561
;
Conducción del Niño, 437 (1870)
.
[238]
Controlar los pensamientos
Usted debería controlar sus pensamientos. Esta no será una tarea
fácil; no puede realizarla sin un íntimo e incluso un severo esfuerzo
[...].
Dios no solo requiere que controle sus pensamientos, sino tam-
bién sus pasiones y afectos. Su salvación depende de que se gobierne